Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Mefistófeles, Argón y Moloch,
camino provechoso,
de espinas convergentes,
de racimos de uvas podridas,
de una vid desterrada,
Ángeles ciegos,
con raudales de malicia,
que desbordan sus alas al cielo,
alimentando a un idiota,
Corceles salvajes,
redimidos por el siempre,
con el silencio detrás vuestro,
que la torre se ha caído,
con los muertos por millares,
con la tierra por cimiente...
Ángulos petrificados,
por egoístas pensamientos,
confundiendo los senderos,
entre grutas imposibles,
con el río del desvelo...
¡Dejemos el momento!
aterciopelando el firmamento,
mientras bestias encaran,
la faz de un cumplimiento,
mandato de diez,
cumplido de dos...
Con el café derramado,
entre cenizas de cigarro,
confusos distantes,
que son nobles cercanos,
en las medallas en los camafeos...
Vulgares ladrones,
que atrapan las gacelas,
siendo el León despertado,
despertado y sin melena,
pero con garras y dientes,
Majestuosa serpiente,
con anillos verdosos,
que culminé el palpitar,
entre colmillos tortuosos,
con el agua bendita,
con el pensamiento trasnochado,
he aquí que miento...
he aquí que vuelo...
Sin globos,
sin hadas,
solo el poder de mis alas,
que investidas están,
de la costra de su sangre,
seca al sol... dorada por la Luna...
Ella fiel amante,
de melancólica sonrisa,
con el conejo clavado,
entre su cara oculta...
Fuego e Hielo,
que derraman las lágrimas,
por servirse de todos,
agradecidos por nada...
Complejas ironías,
que marquen el compás,
de un coma eterno,
que paraliza el cuerpo del Mesías,
convirtiéndolo en carroña...
Sigue el sendero luminoso,
que detrás esta la sombra tormentosa,
que desgasta las heridas,
con el acuerdo del olvido,
con tintineante campanear,
que resopla en los oídos...
Se yergue orgulloso,
el templo sin cadenas,
siendo pomposo,
jactante e insolente...
escombros de recuerdos...
Quiera bien que quiera,
conduciros entre algas,
con los mares invertidos,
entre la arena y el fango,
Fantasma perdido,
sin máscara ni idilio,
pobre lamento enamorado,
de un idiota sin semilla,
que el fuego ha apagado,
como la luz de sus ojos...
Manto negro,
cuna blanca,
noche oscura,
sol eclipsado y muerto...
¡Palabras señores!
¡Palabras Damas!
que el estiércol será estiércol,
y la gracia... de esa,
aún no se nada...
Cuando ruja el destino,
torceré su cuello,
desmembrare sus planes,
y me devoraré su concierto...
¡Luces y velas!
¡Manteles y manjares!
¡Que he de viajar esta noche!
¡Entre pesadillas y corderos!
¡Je suis L´homme!
Y... ¿Tú?... cáscara vacía...
¡Je suis Le Diable!
Y... ¿Tú?.... patético esclavo...
L.V.
camino provechoso,
de espinas convergentes,
de racimos de uvas podridas,
de una vid desterrada,
Ángeles ciegos,
con raudales de malicia,
que desbordan sus alas al cielo,
alimentando a un idiota,
Corceles salvajes,
redimidos por el siempre,
con el silencio detrás vuestro,
que la torre se ha caído,
con los muertos por millares,
con la tierra por cimiente...
Ángulos petrificados,
por egoístas pensamientos,
confundiendo los senderos,
entre grutas imposibles,
con el río del desvelo...
¡Dejemos el momento!
aterciopelando el firmamento,
mientras bestias encaran,
la faz de un cumplimiento,
mandato de diez,
cumplido de dos...
Con el café derramado,
entre cenizas de cigarro,
confusos distantes,
que son nobles cercanos,
en las medallas en los camafeos...
Vulgares ladrones,
que atrapan las gacelas,
siendo el León despertado,
despertado y sin melena,
pero con garras y dientes,
Majestuosa serpiente,
con anillos verdosos,
que culminé el palpitar,
entre colmillos tortuosos,
con el agua bendita,
con el pensamiento trasnochado,
he aquí que miento...
he aquí que vuelo...
Sin globos,
sin hadas,
solo el poder de mis alas,
que investidas están,
de la costra de su sangre,
seca al sol... dorada por la Luna...
Ella fiel amante,
de melancólica sonrisa,
con el conejo clavado,
entre su cara oculta...
Fuego e Hielo,
que derraman las lágrimas,
por servirse de todos,
agradecidos por nada...
Complejas ironías,
que marquen el compás,
de un coma eterno,
que paraliza el cuerpo del Mesías,
convirtiéndolo en carroña...
Sigue el sendero luminoso,
que detrás esta la sombra tormentosa,
que desgasta las heridas,
con el acuerdo del olvido,
con tintineante campanear,
que resopla en los oídos...
Se yergue orgulloso,
el templo sin cadenas,
siendo pomposo,
jactante e insolente...
escombros de recuerdos...
Quiera bien que quiera,
conduciros entre algas,
con los mares invertidos,
entre la arena y el fango,
Fantasma perdido,
sin máscara ni idilio,
pobre lamento enamorado,
de un idiota sin semilla,
que el fuego ha apagado,
como la luz de sus ojos...
Manto negro,
cuna blanca,
noche oscura,
sol eclipsado y muerto...
¡Palabras señores!
¡Palabras Damas!
que el estiércol será estiércol,
y la gracia... de esa,
aún no se nada...
Cuando ruja el destino,
torceré su cuello,
desmembrare sus planes,
y me devoraré su concierto...
¡Luces y velas!
¡Manteles y manjares!
¡Que he de viajar esta noche!
¡Entre pesadillas y corderos!
¡Je suis L´homme!
Y... ¿Tú?... cáscara vacía...
¡Je suis Le Diable!
Y... ¿Tú?.... patético esclavo...
L.V.
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