Alberto Niño Martínez
Poeta adicto al portal
Juicio al Corazón.
Una carta me ha llegado,
citando a audición a mi afligido corazón,
Dice: se cita al imputado, Corazón,
por abandono de funciones,
y que con elaborado disfraz
caracterizado de amistad,
ha querido engañar,
a su amiga la razón.
Una carta me ha llegado,
citando a audición a mi afligido corazón,
Dice: se cita al imputado, Corazón,
por abandono de funciones,
y que con elaborado disfraz
caracterizado de amistad,
ha querido engañar,
a su amiga la razón.
______________________________________
Con ronca voz,.., en eco sonoro, la sala se inunda,
aparece la justicia de un negro vestir,
el silencio se hace sentir, no hay luz que ilumine su cara,
parece le incomoda.
Señala: se imputa al acusado, de traición,
en circunstancias que encontrándose con su sinrazón,
y vistiendo de amistad, con evidente ánimo de engaño,
procedió a abusar de esa condición.
¡Pido la palabra!, con Grito ahogado y entrecortado,
desespero; ¡injusticia señor!,.., mi voz exige sonido,
ha lugar, inunda la intimidante voz.
Aunque sin preparación y mucha transpiración,
de testigos mi alma;
..doy fe de conocer,
desde siempre al corazón
y no tener de él quejas
ni deshonestas actuaciones.
Algo pasa en el salón,.., carcajadas; luego pienso,
talvez no escuchan bien su fina voz;
pero pronto entiendo;
no es forma legal de expresión
está lejos de la Constitución.
Intervengo ante vano intento;
pido clemencia por la osadía de mi corazón;
sin el acusado no podría vivir,
lo que en sentimiento sincero habita en mí.
¡No!, ha lugar, retumba en la sala,
mi voz temblorosa, tartamudea, baja y sin control,
vuelvo mi mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche ¡Ha lugar!, inunda la sala.
Respiro profundo para la voz no quebrar,
mientras mi corazón en el banquillo, poco se ve,
hundido en él y encorvado con su rostro al suelo,
como llorando, por extrema acusación.
Pienso; Pobre corazón, debe estar partido,
determino ayuda de mi acongojada alma,
la advierto de reojo; ella con tez sonrojada,
esconde su rostro,
como avergonzada de magna traición.
Salgo llorando de la sala y pienso,
el amor es de dos, para un sincero sentir
y si este se ha de fundir, necesito la otra cara
para poder proseguir.
De regreso en la sala, ya sin esperanzas,
espero nervioso el dictamen.
Caso perdido amigo, dice con voz torcida
como su cuello fino, la acorbatada razón,
Los letrados me sugieren,
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar con igual sanción, sólo te quedan,
mis honorarios y arrancar de esta funesta situación.
Le pido a mi razón que no analice,
mientras mi alma en la espera se ha dormido,
aún así sugiere abandonar tamaña empresa,
argumenta para otros la Ley se ha construido.
En eso despierta mi alma y con voz dormida,
me dice, declárate culpable de tamaña osadía,
clemencia por tu corazón partido y prisión remitida, dice la razón,
¡Basta!, les digo, ustedes me han metido en esto, , no los necesito.
El juez, finalmente dictamina;
se declara al corazón culpable de los hechos que se le imputan
y se le condena a vivir sin emociones,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.
Del cuello contra el Juez y de reojo la busco,
en primera fila, ¡ay! mi bella enamorada,
la miro, más linda que el Sol;
le digo con mis labios,
el amor de quien me enamoré su perdón espero
o el olvido eterno,
me mira a los ojos y eso basta como respuesta.
Le robo un beso enamorado
y en arranque de poesía, la tomo en mis brazos
y me la llevo lejos de letrados y ese añoso y oscuro salón,
corriendo sin parar, como el dulce de sus ojos,
que me miran sin parpadear;
ya era mía, yo lo sentía.
Más y tan mía era,
como hermosa poesía,
esa que habita en dos,
un corazón fundido.
¡Alto!, si ¡paren!, ¡alto!; ¿escuchan lo que mis oídos?;
presten sólo un poco de atención, es una bella canción,
lara,..lalai,..,lalai - lalai , dice algo como,
liberad el corazón, perdonad al alma y entended a la razón,
que de los tres necesita DIOS, para hacer eterna esta unión.
Gracias mi DIOS, por legislar poesía.
Perdón concedido.
___________________________________
Copyright © 2011 Alberto Niño Martínez
Todos los Derechos Reservados