Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
De noche, como un silencio entrecortado,
como esos amores recordados,
quisiera jugar de noche,
contigo hablar de conversaciones diurnas,
que se conviertan en nocturnas, en calles de almas,
en ciudades calmas,
en juegos de noche,
que seducen, que reducen, que observan, que miran,
que a nosotros se nos vedó la locura,
que temblamos al recorrer nuestras sepulturas,
en esas frías noches encerrados en cementerios,
en refugios cerrados, en nuestros criterios,
en la bruma disipada que nos llevaba a escondernos,
a correr desnudos en la gruesa niebla de la noche,
en un derroche,
en el juego subterráneo de esas noches,
conteniendo el aliento, como si fuera alimento,
conservando las manos, los pies y los ojos,
porque sabíamos que nos miraban de reojo,
en silencio pues es el estilo de duendes, magos y fantasmas,
de lunas silentes,
de cueros, pestilentes y aromáticos,
de dulce y de agraz,
de noche y de día,
con esos calores que te regalé de repente,
con esos besos como caramelos silentes,
ausentes,
decididamente inocentes.
Esos son los juegos de la noche, y aun otros,
más cálidos, calurosos,
fogosos,
encendidos, ardientes,
en llamas, que amas.
como esos amores recordados,
quisiera jugar de noche,
contigo hablar de conversaciones diurnas,
que se conviertan en nocturnas, en calles de almas,
en ciudades calmas,
en juegos de noche,
que seducen, que reducen, que observan, que miran,
que a nosotros se nos vedó la locura,
que temblamos al recorrer nuestras sepulturas,
en esas frías noches encerrados en cementerios,
en refugios cerrados, en nuestros criterios,
en la bruma disipada que nos llevaba a escondernos,
a correr desnudos en la gruesa niebla de la noche,
en un derroche,
en el juego subterráneo de esas noches,
conteniendo el aliento, como si fuera alimento,
conservando las manos, los pies y los ojos,
porque sabíamos que nos miraban de reojo,
en silencio pues es el estilo de duendes, magos y fantasmas,
de lunas silentes,
de cueros, pestilentes y aromáticos,
de dulce y de agraz,
de noche y de día,
con esos calores que te regalé de repente,
con esos besos como caramelos silentes,
ausentes,
decididamente inocentes.
Esos son los juegos de la noche, y aun otros,
más cálidos, calurosos,
fogosos,
encendidos, ardientes,
en llamas, que amas.