Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
El incendio de la tarde blanquea
cintas amarillas;
a través de los orificios los labios
curvan las bocas y el aire grácil
devora la plenitud del suspenso...
No tendrá sentido proyectar la
inquietud del movimiento,
si en la amplitud del desierto un
enroque ardoroso del sendero inmenso
renace del follaje
y revoca las extrañas horas de las brasas.
Tampoco fueron ajenos los inexorables
días del fuego;
sabe Dios cuantas veces intenté detenerte,
pero tu paso avanzó con la sugestión
del comienzo,
trazó en la costra del árbol bruñidas cenefas,
seguramente por odiarlas deploras el sereno;
y apartas de la noche el azar de lo fortuito...
¡Otra vez quiero encontrarte!
En algún ángulo por ventura tropezaré
contigo
de nuevo nos hundiremos en la misma
instancia.
Ahora que arqueas la espalda la flecha
dará en el blanco
y mi corazón impiadoso recibirá su
merecido...
Ya sé que en algún susurro horrorizas
el duelo
pero volarás desteñida la jornada
y al volar huirás de todas las causas...
Y al retornar con fantasías esparcidas,
- que niegan la derrota-,
en el crisol de la fuga cenital hallarás
el secreto enmudecido que jamás guardas.
Si lo acorralas entonarás vigoroso el Gloria.
Después, morosamente,
pules en el dolor innecesario rehuyendo
vigilancias
y aunque refocilando en la ciénaga,
apagarás la luz y añorarás la duda
que a mí me atrapa,
esa duda que me atrapa será plenilunio
de nada...
El vórtice de la tierra traza la rueda del
pozo hacia su centro.
Los cerúleos lagos momifican criaturas
y larvas;
y el cerco de bloques empuña el incierto
origen.
Los vagos intentos desafían la ambigua
sensatez,
de la inquietud y de la calma.
Pero es en absoluto vano perseguir lo
absurdo...
Ningún sentido posee la cucaracha,
ninguna el grillo rozando élitros de
sus alas
ninguna la alguacil cazadora de moscas
¡ Ni la hormiga tan perfecta con antenas y patas!
oh abejas que dulcifican los estambres
oh el acecho del puma por el hambre
oh del hombre festejando en el desierto...
cintas amarillas;
a través de los orificios los labios
curvan las bocas y el aire grácil
devora la plenitud del suspenso...
No tendrá sentido proyectar la
inquietud del movimiento,
si en la amplitud del desierto un
enroque ardoroso del sendero inmenso
renace del follaje
y revoca las extrañas horas de las brasas.
Tampoco fueron ajenos los inexorables
días del fuego;
sabe Dios cuantas veces intenté detenerte,
pero tu paso avanzó con la sugestión
del comienzo,
trazó en la costra del árbol bruñidas cenefas,
seguramente por odiarlas deploras el sereno;
y apartas de la noche el azar de lo fortuito...
¡Otra vez quiero encontrarte!
En algún ángulo por ventura tropezaré
contigo
de nuevo nos hundiremos en la misma
instancia.
Ahora que arqueas la espalda la flecha
dará en el blanco
y mi corazón impiadoso recibirá su
merecido...
Ya sé que en algún susurro horrorizas
el duelo
pero volarás desteñida la jornada
y al volar huirás de todas las causas...
Y al retornar con fantasías esparcidas,
- que niegan la derrota-,
en el crisol de la fuga cenital hallarás
el secreto enmudecido que jamás guardas.
Si lo acorralas entonarás vigoroso el Gloria.
Después, morosamente,
pules en el dolor innecesario rehuyendo
vigilancias
y aunque refocilando en la ciénaga,
apagarás la luz y añorarás la duda
que a mí me atrapa,
esa duda que me atrapa será plenilunio
de nada...
El vórtice de la tierra traza la rueda del
pozo hacia su centro.
Los cerúleos lagos momifican criaturas
y larvas;
y el cerco de bloques empuña el incierto
origen.
Los vagos intentos desafían la ambigua
sensatez,
de la inquietud y de la calma.
Pero es en absoluto vano perseguir lo
absurdo...
Ningún sentido posee la cucaracha,
ninguna el grillo rozando élitros de
sus alas
ninguna la alguacil cazadora de moscas
¡ Ni la hormiga tan perfecta con antenas y patas!
oh abejas que dulcifican los estambres
oh el acecho del puma por el hambre
oh del hombre festejando en el desierto...
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