Julia Prilutzky Farny

lluvia de enero

Simplemente mujer
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Julia Prilutzky Farny
(Kiev 1912- Buenos Aires 2002), poeta ucraniana naturalizada argentina representativa de la generación del 40. Cursó estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y fue discípula de Alberto Williams en el Conservatorio Nacional de Música. Fue redactora en diversos medios gráficos. Inauguró la cátedra de Literatura Hispanoamericana en las Universidades de Madrid y Salamanca y dictó cursos y conferencias en universidades de la Argentina y de Latinoamérica.
Fundó la revista cultural "Vértice" y en 1941 recibió el Premio Municipal de Poesía por su libro "Intervalo".
En su obra predomina el tema del amor desde su poemario incial hasta el último de sus libros.
Escribió su primer libro a los dieciocho años, “Títeres imperiales”, que se publicó por entregas en el diario La Nación. Entre otras de sus obras publicadas se encuentran “Viaje sin partida” (1939), “Intervalo” (1940), “Comarcas” (1949), “Este sabor de lágrimas” (1954), “ Obra poéticas” (1959), “ No es el amor” (1967), “Hombre oscuro” (1968), “Dulce y extraño amor” (1982).
Su libro "El escudo" publicado en 1954 recoge poemas sobre Juan Domingo Perón y Eva Perón e incluye el poema "Oración", que fue leído el 26 de julio de 1954 en un acto público masivo que se realizó en la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires. Su último libro "Antología del amor" llegó a vender, sólo en Argentina, más de 100.000 ejemplares, publicad0 por primera vez en 1972, ha tenido veinticinco ediciones y mereció la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.


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NO ES EL AMOR...


No es el amor, lo sé, pero es de noche
y yo estoy sola, frente al mar que espera
con las uñas viscosas de sus algas
y el sello de la sal sobre sus piedras:
sin cesar, desde el agua y las espumas
mil ramajes de brazos me recuerdan
que aguardan todavía
tendiéndome su ausencia.
Las mismas olas que devoran barcos,
que van hundiendo mástiles y velas,
tiran siempre de mí
salvajemente
ceñidas, enroscadas, como cuerdas.

No es el amor, lo sé, pero qué importa:
tiene su mismo rostro hecho de niebla
y su temblor febril y su acechanza,
tiene sus manos blandas que se aferran
con dura precisión.
Tiene su misma insólita presencia
con el prestigio de un fulgor pasado
y la futura soledad que empieza.
Tiene sin duda del amor la insidia
y el desgajado abandonar reservas
hasta quedar desnudo
como un árbol reseco.
Tiene el rondar la sangre
como un fantasma hambriento
sobre la inaccesible piel del mundo,
lamiendo inútilmente su corteza,
desesperado, ávido,
con la exacta impaciencia
del querer, del después,
del otoño y la espera.
Y aquel recomenzar desde la bruma
que es su signo quizá.
Y su señal más cierta.

No sé cuándo ha llegado:
es como un viejo amigo que regresa
con el rostro cambiado por los viajes,
las fiebres, el alcohol, las peripecias.
Reconozco sus rasgos,
su voz que ha enronquecido, pero es ésta,
su antigua voz que dice otras palabras
semejantes a aquéllas.
No es el amor, lo sé, y sin embargo
es su paso otra vez, y las caricias
recobran los caminos sin urgencia.
No hay palabras, y puedo estar callada:
todo es tan simple así, tan sin sorpresa
y es tan fácil estar, tan necesario.
No es el amor, tal vez. ¿Y si lo fuera?



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LA PATRIA​
Se nace en cualquier parte. Es el misterio,
-es el primer misterio inapelable-
pero se ama a una tierra como propia
y se quiere volver a sus entrañas.
Allí donde partir es imposible,
donde permanecer es necesario,
donde el barro es más fuerte que el deseo
de seguir caminando.
Donde las manos caen bruscamente
y estar arrodillado es el descanso,
donde se mira al cielo con soberbia
desesperada y áspera,
donde nunca se está del todo solo,
donde cualquier umbral es la morada.
Donde se quiere arar. Y dar un hijo.
Y se quiere morir, está la patria.


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