Hector Hernandez Carvajal
Poeta fiel al portal
Junto al Almendro
Era una tarde gris y el cielo lloraba
Lloraba por todos lados y el agua corría
El aire despeinaba los grandes almendros
Las hojas cubrían de colores las praderas
Sentado en medio del gris del cielo
Y con el manantial de colores bajo mis pies
Yo empecé a desear que vinieras
Deseaba verte junto al almendro
El cielo lloraba lágrimas de amor
Lloraba lágrimas de desolación
Las hojas dibujan tu cara en la tierra
Y el aire, ése aire puro, borraba tu cara
Yo te buscaba por todos lados
Te imaginaba en cada gota de agua
Oía tu voz en cada susurro del viento
Y veía el color de tus labios en cada hoja
Sentí querer echar raíces como el almendro
Quise arraigarme a mis sentimientos
Las hojas amontonaban con ellas mi deseo
El cielo y yo lloramos éste momento
Como un relámpago pasaste por mi vida
Vi primero tu luz y después sentí tu amor
Me decía que estabas junto a mí
Más sin embargo veía tu sombra y no tú ser
Las horas se desprendían bajo el almendro
Apreté junto mi pecho un puñado de hojas
Olí tu perfume al derramarse por mis dedos
Cerré mis ojos para encerrar ése momento
Autor: Hector Hernandez Carvajal, 2005.
Era una tarde gris y el cielo lloraba
Lloraba por todos lados y el agua corría
El aire despeinaba los grandes almendros
Las hojas cubrían de colores las praderas
Sentado en medio del gris del cielo
Y con el manantial de colores bajo mis pies
Yo empecé a desear que vinieras
Deseaba verte junto al almendro
El cielo lloraba lágrimas de amor
Lloraba lágrimas de desolación
Las hojas dibujan tu cara en la tierra
Y el aire, ése aire puro, borraba tu cara
Yo te buscaba por todos lados
Te imaginaba en cada gota de agua
Oía tu voz en cada susurro del viento
Y veía el color de tus labios en cada hoja
Sentí querer echar raíces como el almendro
Quise arraigarme a mis sentimientos
Las hojas amontonaban con ellas mi deseo
El cielo y yo lloramos éste momento
Como un relámpago pasaste por mi vida
Vi primero tu luz y después sentí tu amor
Me decía que estabas junto a mí
Más sin embargo veía tu sombra y no tú ser
Las horas se desprendían bajo el almendro
Apreté junto mi pecho un puñado de hojas
Olí tu perfume al derramarse por mis dedos
Cerré mis ojos para encerrar ése momento
Autor: Hector Hernandez Carvajal, 2005.