La Corporación
Poeta veterano
Desde el Evaristo Corumelo,
Aquel profeta, exultante,
los ojos rojos,
gritaba en medio de la plaza:
gracias señor por hacerme mudo,
tu generosidad es mi paliativo;
gracias por darme un pito pequeño
mis tentaciones serán menores;
gracias señor porque soy pobre,
material y de espíritu, un infantilón
sin gracia aparente;
gracias señor por mi alcoholismo y la
grifa y la cocaína,
herida necesaria para mi humildad;
gracias dios por ser yo tan pacífico,
renco de nacimiento nunca pude pelear;
gracias señor por ser poeta
y recibir los comentarios elogiosos
de mis congéneres, hijos tuyos
y profetas como yo:
nunca seremos hipócritas como esos.
XtaCorpusXty
Aquel profeta, exultante,
los ojos rojos,
gritaba en medio de la plaza:
gracias señor por hacerme mudo,
tu generosidad es mi paliativo;
gracias por darme un pito pequeño
mis tentaciones serán menores;
gracias señor porque soy pobre,
material y de espíritu, un infantilón
sin gracia aparente;
gracias señor por mi alcoholismo y la
grifa y la cocaína,
herida necesaria para mi humildad;
gracias dios por ser yo tan pacífico,
renco de nacimiento nunca pude pelear;
gracias señor por ser poeta
y recibir los comentarios elogiosos
de mis congéneres, hijos tuyos
y profetas como yo:
nunca seremos hipócritas como esos.
XtaCorpusXty
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