Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Amanece y la luz regresa a las pupilas
los mares y sus mareas,
las montañas y sus silencios pétreos,
el cielo y su invitación a la navegación infinita.
Amanece
Rayos de luz por doquier persiguiendo a las sombras
el gallo canta y el fantasma huye del recuerdo
es tiempo de mirar
de abrir los ojos
de vivir
de hacer del breve espacio:
prodigioso momento.
Amanece y prepara el hombre sus batallas
de este lado los héroes;
de aquél otro, los tiranos,
los sátrapas...,
con sus ejércitos de humanos extraños
que luchan en contra de su propia libertad.
La tarde llega
y sobre los campos de batallas yacen las sombras
con los ojos cerrados
ausentes de vida
ausentes del mañana
ausentes del recuerdo
de cualquier recuerdo.
Los campeones buscan las sombras
se refugian en las deliciosas vaginas
y se amamantan del sabor
de los rosados pechos de las damas
lavan sus rostro con el vino
y perfuman sus pechos
con las mieles de besos
de las bocas deseadas.
El huérfano percibe su desamparo
y saborea las tristezas del hambre.
-¿por qué mueren los hombres en el campo de batalla,
por qué dejan sus vidas y se van a la nada?...
Mañana, el hijo del héroe mendigará mendrugos
mientras sus brazos crecen para portar un arma.
Hoy disputa las miserias
con los héroes lisiados
los que, por su mala fortuna,
no murieron en el prado de la muerte.
Amanece...
siempre amanece
el Sol acude puntual a sus citas:
alumbra,
desafía y persigue por todos los rincones a las sombras
la vuelve fugitiva
irreductible,
guerrillera.
Ya llegará el ocaso
que apagará de pronto los destellos.
La sombra se beberá las luces
extinguirá retoños de destellos
sólo el cielo, en la noche
guardará a los luceros...
Nadie lo sabe
nadie lo nota
pero en todos los confines
se libra
la batalla.
los mares y sus mareas,
las montañas y sus silencios pétreos,
el cielo y su invitación a la navegación infinita.
Amanece
Rayos de luz por doquier persiguiendo a las sombras
el gallo canta y el fantasma huye del recuerdo
es tiempo de mirar
de abrir los ojos
de vivir
de hacer del breve espacio:
prodigioso momento.
Amanece y prepara el hombre sus batallas
de este lado los héroes;
de aquél otro, los tiranos,
los sátrapas...,
con sus ejércitos de humanos extraños
que luchan en contra de su propia libertad.
La tarde llega
y sobre los campos de batallas yacen las sombras
con los ojos cerrados
ausentes de vida
ausentes del mañana
ausentes del recuerdo
de cualquier recuerdo.
Los campeones buscan las sombras
se refugian en las deliciosas vaginas
y se amamantan del sabor
de los rosados pechos de las damas
lavan sus rostro con el vino
y perfuman sus pechos
con las mieles de besos
de las bocas deseadas.
El huérfano percibe su desamparo
y saborea las tristezas del hambre.
-¿por qué mueren los hombres en el campo de batalla,
por qué dejan sus vidas y se van a la nada?...
Mañana, el hijo del héroe mendigará mendrugos
mientras sus brazos crecen para portar un arma.
Hoy disputa las miserias
con los héroes lisiados
los que, por su mala fortuna,
no murieron en el prado de la muerte.
Amanece...
siempre amanece
el Sol acude puntual a sus citas:
alumbra,
desafía y persigue por todos los rincones a las sombras
la vuelve fugitiva
irreductible,
guerrillera.
Ya llegará el ocaso
que apagará de pronto los destellos.
La sombra se beberá las luces
extinguirá retoños de destellos
sólo el cielo, en la noche
guardará a los luceros...
Nadie lo sabe
nadie lo nota
pero en todos los confines
se libra
la batalla.
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