La sombra de la tarde se sumergió en tus brazos,
que lejos quedaban las horas muertas de antaño.
La tarde se fue pasando entre dos luces, entre dos aguas,
sin prisas, sin temores, sin añoranzas.
En la ventana, entreabierta, tembló ligeramente el limonero,
apenas con un leve suspiro de sus hojas al viento.
Luego llegó el anochecer con un cielo quieto
que se reflejó en la desnudez de tu cuerpo.
Yo aspiré la belleza de este momento,
el suave olor del limonero entremezclado
con el sabor de tus besos.
que lejos quedaban las horas muertas de antaño.
La tarde se fue pasando entre dos luces, entre dos aguas,
sin prisas, sin temores, sin añoranzas.
En la ventana, entreabierta, tembló ligeramente el limonero,
apenas con un leve suspiro de sus hojas al viento.
Luego llegó el anochecer con un cielo quieto
que se reflejó en la desnudez de tu cuerpo.
Yo aspiré la belleza de este momento,
el suave olor del limonero entremezclado
con el sabor de tus besos.