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El bosque es un bramido permanente
bronco, como de trueno explosionado,
como de tempestad fiera; y como ausente
coronado de angustias, el venado
lanza su voz de grito enamorado
Las encinas se inclinan lentamente,
con respeto, a la pasión desenfrenada
del vecino que las habita permanente,
y que busca a la cierva enamorada
Quién no ha visto la berrea de septiembre
en los montes, bajo la luna rota,
no ha sentido el dolor, la incertidumbre,
de un corazón de amor que se desboca