La blanca alondra

Ivan Ortega

Poeta recién llegado
Tengo un presentimiento:
la Luna no es siempre luna,
hay noches en que se oculta
convirtiéndose en poemario sin autor,
sepulcro de la vida mía,
débil capricho de invierno
blanca luz tras la puerta del amor,
susurro de la melancolía.

Hay noches en que la Luna
se desnuda y salvajemente vuela
mostrando su estela de Milano,
un ojo de águila nocturna,
colmillos de silente leona,
seno de hetaira adormecida
sobre la palma de mi mano,
todo según sus ciclos.

Quizá la Luna no fue siempre luna
hubo momentos
en que fue sonrisa diurna,
rezo de una aurora,
cómplice de la niebla,
brebaje de nieve y fuego,
la blanca alondra
que un dios enjaulo en el cielo,
un claro beso perdido a lo lejos,
en lo mas alto vagando por las noches
entre el frío silencio de los muertos.

Pero hoy la Luna
a regresado con ganas de brillar,
con ganas de bailar
entre las estrellas que como flores
crecen en la umbrosa y fértil
tierra de la noche.

No cabe duda
la luna es la blanca alondra
que un dios enjaulo en el cielo
por eso siempre la miro inquieta
estrangulando los minutos
con ganas de volar,
siempre a punto de cantar.
Su legua es de luz
y sus palabras las miro
como diciéndome:
libérame y vayamos juntos…

Ivan Ortega
 

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