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Todas las familias seguramente contarán entre sus miembros a alguien que se destaca por ser tacaño, o apegado a su dinero.
Esta situación cómica o incómoda, depende de como el léctor lo quiera ver, sucedió en una Navidad de hace unos cuántos años, cuando los chicos se divertían quemando pólvora y cohetillos.
El primo, en cuestión, era el tacaño y entró muy ufano por la puerta con unos cuántos regalillos en los brazos. Los chicos al verlo le hicieron rueda y él repartió a cada uno su obsequio. Martita, que así se llamaba la más pequeña de los niños, abrió rápidamente su regalo y sorprendida se dio cuenta que era un poncho plástico negro, de esos que se ponen los labriegos cuando llueve mucho y son del material más liviano. A petición del primo, la niña se lo puso y el poncho prácticamente la envolvía por completo.
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La madre de Martita, quien se había perdido esa parte de la entrega de regalos, salia en ese momento de la cocina con una taza de té para el primo, y al ver a Martita quien jugaba muy alegre con su poncho plástico y estaba completamente enrollada en él, le dice con tono firme: "Martita! no juegues con esa bolsa para basura, vé y sácatela de encima" y la niña muy inocente le contesta: "Pero mami, esta bolsa de basura es mi regalo!"
A lo que después siguió un incómodo silencio... donde madre y primo veían a Martita jugar con la "bolsa de basura".
Todas las familias seguramente contarán entre sus miembros a alguien que se destaca por ser tacaño, o apegado a su dinero.
Esta situación cómica o incómoda, depende de como el léctor lo quiera ver, sucedió en una Navidad de hace unos cuántos años, cuando los chicos se divertían quemando pólvora y cohetillos.
El primo, en cuestión, era el tacaño y entró muy ufano por la puerta con unos cuántos regalillos en los brazos. Los chicos al verlo le hicieron rueda y él repartió a cada uno su obsequio. Martita, que así se llamaba la más pequeña de los niños, abrió rápidamente su regalo y sorprendida se dio cuenta que era un poncho plástico negro, de esos que se ponen los labriegos cuando llueve mucho y son del material más liviano. A petición del primo, la niña se lo puso y el poncho prácticamente la envolvía por completo.
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La madre de Martita, quien se había perdido esa parte de la entrega de regalos, salia en ese momento de la cocina con una taza de té para el primo, y al ver a Martita quien jugaba muy alegre con su poncho plástico y estaba completamente enrollada en él, le dice con tono firme: "Martita! no juegues con esa bolsa para basura, vé y sácatela de encima" y la niña muy inocente le contesta: "Pero mami, esta bolsa de basura es mi regalo!"
A lo que después siguió un incómodo silencio... donde madre y primo veían a Martita jugar con la "bolsa de basura".