La buena duda

Kabuki

Poeta recién llegado
La buena duda

Un loco Atila junto a sus huestes
se despidieron al fin
( izando sus banderas, canturreando ho ho ho,
y remando a la inversa sus esquifes nórdicas)
de mi gruesa tara.

Me sentí desmejorado.
Comí un platón de piñas, tome el libro de Joyce,
y le escupí su Shakespierinasaturnianacara a Leopoldo Vagina.
Pero mi tráquea arrastraba minúsculas avalanchas
de arena tibia.

El sol fingido de los aún ahogados
de mi bolo se abrió de espiritualidad,
una falla de tuercas del L. H. c.

Un viejo cojeando apodado León Magno se zambullo
en la piscina de ácidos cristalinos.
Hoja de papel bond con grafitis de cruces.
La enterramos (a los pocos minutos) una flor de esvásticas.
Me sedaron antes de que ocasione la tercera guerra mundial.

Me prometieron salir en T.V
un domingo por la tarde.

(3 años después)

Buenos días Jefe. ¿Podría hacerlo llorar
para vender sus lagrimas?

Le pago impuestos al diablo,
perdí mi oportunidad.
 

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