Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La Calandraca
No es extraño,
no es chocante,
tampoco nuevo
ni extravagante;
inverosímil,
preocupante
que me sorprendo,
del procedente
ángulo muerto.
No había nadie,
todo era sueño,
una quimera,
una entelequia
en un agujero;
lo alarmante
fue la carencia,
por la apariencia
característica
del pozo negro.
Estaba yo
caído ángel,
estabas tú,
ángel caído;
y fuimos dos
ángeles buenos,
en aquel pozo
de los infiernos,
en aquel antro
de oscuro pío.
La negación
fue poco exacta;
tú no veías
la luz que impacta,
ni yo la lumbre
de tu hojarasca;
tú me negabas,
yo te omitía,
los que sabíamos
de calandracas
Fue un simulacro
de tu presencia,
que con la mía,
era presente
pese a tu ausencia.
Tú con la misma
figura estabas,
cara con cara,
aspecto y estampa,
de tu otro dominio
que no mirabas.
Y un pozo negro
cárcel amada
La calandraca,
la calandraca,
la catacumba,
traca que traca.
La calandraca,
la calandraca,
la marabunta
ruge que ruge,
por furibunda
caca de laca,
en las palabras
de su sermón.
Cuenta el ingenuo
con fe insospechable,
que hay un invierno
de agua potable,
que hay un verano
de sol y calor,
que hay primaveras,
otoños y pasos,
que tienen los hombres
que temen a dios.
Y hay otros hombres
que luchan por hombres,
que quieren ser vida,
que quieren amor,
y amando dan la medida,
y pagan rumor con rubor.
No me pidan, que no doy,
pues el césar que está en misa,
a pactado con el don
por el din de clerecía;
y si quieren ver mi rostro
no se asomen a ese pozo
Búsquenme donde el Nipón.