La Caldera

maxmaniaco

Poeta asiduo al portal
Calentados
en la parrilla del deseo

tuvimos días de horas eternas
y otros

que fueron como velocistas
y no nos alcanzó el espacio

y desgarramos el suspiro
y arremolinamos los gemidos
y nos sudamos los pulmones.

Y los efímeros eones
no nos hubieran bastado

para explicarle a los camaleones
como nuestra sangre nos hierve

cuando nos convertimos en caldera.
 

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