Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La cárcel de tu cuerpo
(Canción)
(Canción)
Perdido entre los árboles soy planta,
dormido sobre hierba soy la flor,
y tú eres la bellísima garganta,
que canta en los edenes ruiseñor.
Detrás de algunos montes blancas playas,
quizá te encuentre a ti tendida al sol;
tu piel morena viva en la mañana,
ocaso de este pobre corazón.
Tal vez querrás dejarme alguna prenda,
aquel fluir de claro albor,
y fuera tu mirada que me ofrezca,
semilla que me envuelva de ilusión.
Y quieres que te comprenda,
que sea un delirio y sienta,
que yo si estoy dolido,
tú me diste los motivos
No me arrebates no,
no me hieras de dolor,
no me tengas por cautivo,
que de amores no sé yo;
tu mirada no la olvido,
que la cárcel en que vivo
es de mi alma la prisión.
Llegó la noche sin mañana,
los latidos se pararon, el día ya cedió,
y la luna de tu cara aún me miraba,
espejismo que en mis nubes se borró.
Te asomaste nuevamente a mi ventana,
y esquivándola deprisa, te adentraste al interior;
te busqué donde los soles aman las esquinas,
y la aurora de tu cuerpo ,
en mi cuerpo estalló.
Y quieres que te comprenda,
que sea un delirio y sienta,
que yo si estoy dolido,
tú me diste los motivos
No me arrebates no,
no me hieras de dolor,
no me tengas por cautivo,
que de amores no sé yo;
tu mirada no la olvido,
que la cárcel en que vivo
es de mi alma la prisión.
dormido sobre hierba soy la flor,
y tú eres la bellísima garganta,
que canta en los edenes ruiseñor.
Detrás de algunos montes blancas playas,
quizá te encuentre a ti tendida al sol;
tu piel morena viva en la mañana,
ocaso de este pobre corazón.
Tal vez querrás dejarme alguna prenda,
aquel fluir de claro albor,
y fuera tu mirada que me ofrezca,
semilla que me envuelva de ilusión.
Y quieres que te comprenda,
que sea un delirio y sienta,
que yo si estoy dolido,
tú me diste los motivos
No me arrebates no,
no me hieras de dolor,
no me tengas por cautivo,
que de amores no sé yo;
tu mirada no la olvido,
que la cárcel en que vivo
es de mi alma la prisión.
Llegó la noche sin mañana,
los latidos se pararon, el día ya cedió,
y la luna de tu cara aún me miraba,
espejismo que en mis nubes se borró.
Te asomaste nuevamente a mi ventana,
y esquivándola deprisa, te adentraste al interior;
te busqué donde los soles aman las esquinas,
y la aurora de tu cuerpo ,
en mi cuerpo estalló.
Y quieres que te comprenda,
que sea un delirio y sienta,
que yo si estoy dolido,
tú me diste los motivos
No me arrebates no,
no me hieras de dolor,
no me tengas por cautivo,
que de amores no sé yo;
tu mirada no la olvido,
que la cárcel en que vivo
es de mi alma la prisión.
¡Olé!