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La casa gris con vistas al mar

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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¡Mi amada niña!…
La casa gris tiene vistas al ancho mar.
Las ventanas con sus cristales finos
dejan entrar el dulce aroma del coral,
y tú mi niña, dormida, construyes alisios
sobre la hendidura que forjan los barcos
y entre las acuarelas de la esperanza
enamorada solo quieres navegar.
Hoy mi niña soltaste el ancla de tu fondo
en la declinación de un plomizo ocaso,
dejaste al pairo el velamen y tu timón
bajo el gobierno del viento del norte,
pero sé que prefieres hundir tu barco
a no fondear en las ligaduras del amor,
quemar y morir en los pliegues del mar
si no llegas alcanzar un amable puerto,
un último destino donde perecer feliz.
¡Ay mi niña amada!…
La casa gris en lo alto tiene balcones,
todas sus ventanas están abiertas
y por ellas te alcanzo a ver sobre el mar.
¡Mi niña de mares lejanos!...
Lleva en tus pequeñas manos el salitre
y el corazón de los amantes,
llévame en tus dulces latidos
allí donde las gaviotas sueñan
y las olas duermen a los corales,
dibuja a la luna en su cuna azul
en la línea delgada del horizonte,
hunde tu barco y su velamen
y cuando alcances su profundidad
verás entre las acuarelas del mar
que hay muchos barcos en su fondo
porque también un día no muy lejano,
sin timón y al pairo encontraron al amor,
abrieron sus ventanas de fino cristal
en una casa gris con vistas al mar.
 
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¡Mi amada niña!…
La casa gris tiene vistas al ancho mar.
Las ventanas con sus cristales finos
dejan entrar el dulce aroma del coral,
y tú mi niña, dormida, construyes alisios
sobre la hendidura que forjan los barcos
y entre las acuarelas de la esperanza
enamorada solo quieres navegar.
Hoy mi niña soltaste el ancla de tu fondo
en la declinación de un plomizo ocaso,
dejaste al pairo el velamen y tu timón
bajo el gobierno del viento del norte,
pero sé que prefieres hundir tu barco
a no fondear en las ligaduras del amor,
quemar y morir en los pliegues del mar
si no llegas alcanzar un amable puerto,
un último destino donde perecer feliz.
¡Ay mi niña amada!…
La casa gris en lo alto tiene balcones,
todas sus ventanas están abiertas
y por ellas te alcanzo a ver sobre el mar.
¡Mi niña de mares lejanos!...
Lleva en tus pequeñas manos el salitre
y el corazón de los amantes,
llévame en tus dulces latidos
allí donde las gaviotas sueñan
y las olas duermen a los corales,
dibuja a la luna en su cuna azul
en la línea delgada del horizonte,
hunde tu barco y su velamen
y cuando alcances su profundidad
verás entre las acuarelas del mar
que hay muchos barcos en su fondo
porque también un día no muy lejano,
sin timón y al pairo encontraron al amor,
abrieron sus ventanas de fino cristal
en una casa gris con vistas al mar.
Me gusta cuando el poeta puede expresar en palabras las sensaciones.
Dulces líneas.

Saludos
 
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