La causa de mi ansiedad
Entro en el bosque de mis ideas
donde creí todo era estable,
pero me encuentro entre ramas torcidas
que se juntan en una marea.
No hallo razón para mis males,
cuando en mí estoy zambullida,
es que yo misma he perdido el mapa
que lleva a la raíz de mis pesares.
La causa de mi ansiedad busco
sin encontrar su por qué.
Intento descifrar su origen,
mas la diviso y entonces escapa.
Mientras la intento encontrar,
el bosque me logra cegar.
No hay salida, sólo confusión.
Entre el ruido y mis quejas
caigo en la desesperación.
Me embarga tanta precipitación;
todo se ve tan complicado.
Corro entonces, huyendo
y es que doy vueltas y vueltas
sin llegar a ningún lado.
Y salgo a mi realidad.
Intento dormir para no pensar,
hallo pretextos para perder el tiempo,
pero de la nada llega el sentimiento
y mi cuerpo me vuelve a recordar
que sé que algo anda mal.
No logro conciliar el sueño,
se deteriora mi piel,
los nervios no me abandonan,
mis ojos ya no miran, sólo ven.
Mi presa se me escapa
en un suspiro traidor
y la gente me pregunta
qué me causa tal dolor.
Me aventuro, pues.
Voy a entrar otra vez.
Inicio de nuevo la cacería
pero al instante me oprime una fuerza:
Invisible, lenta, tenue dolor de cabeza.
Quiero ver, pero las nubes me ciegan.
Esa causa que cazo
vive en el bosque escondida
Y busco, y busco
sin llegar a su guarida.
Entonces me rompo y echo a llorar,
con mayor ímpetu vuelvo a buscar.
Hurgo en lo más profundo de mis adentros,
cuando sé que eres tú y sólo tú
la única causa de mis lamentos.
Entro en el bosque de mis ideas
donde creí todo era estable,
pero me encuentro entre ramas torcidas
que se juntan en una marea.
No hallo razón para mis males,
cuando en mí estoy zambullida,
es que yo misma he perdido el mapa
que lleva a la raíz de mis pesares.
La causa de mi ansiedad busco
sin encontrar su por qué.
Intento descifrar su origen,
mas la diviso y entonces escapa.
Mientras la intento encontrar,
el bosque me logra cegar.
No hay salida, sólo confusión.
Entre el ruido y mis quejas
caigo en la desesperación.
Me embarga tanta precipitación;
todo se ve tan complicado.
Corro entonces, huyendo
y es que doy vueltas y vueltas
sin llegar a ningún lado.
Y salgo a mi realidad.
Intento dormir para no pensar,
hallo pretextos para perder el tiempo,
pero de la nada llega el sentimiento
y mi cuerpo me vuelve a recordar
que sé que algo anda mal.
No logro conciliar el sueño,
se deteriora mi piel,
los nervios no me abandonan,
mis ojos ya no miran, sólo ven.
Mi presa se me escapa
en un suspiro traidor
y la gente me pregunta
qué me causa tal dolor.
Me aventuro, pues.
Voy a entrar otra vez.
Inicio de nuevo la cacería
pero al instante me oprime una fuerza:
Invisible, lenta, tenue dolor de cabeza.
Quiero ver, pero las nubes me ciegan.
Esa causa que cazo
vive en el bosque escondida
Y busco, y busco
sin llegar a su guarida.
Entonces me rompo y echo a llorar,
con mayor ímpetu vuelvo a buscar.
Hurgo en lo más profundo de mis adentros,
cuando sé que eres tú y sólo tú
la única causa de mis lamentos.