La chanca de ida y la quema a la vuelta

Eee

Poeta recién llegado
Por aquella carretera pasaban dos carros al año: En diciembre, cuando los mineros salían de vacaciones; y en enero, cuando volvían al campamento. Al alumbrar el chofer a una hipy desnuda, más blanca que la leche, corriendo como idiota con la cabeza llena de rastas multicolores, creyó que se trataba de un espíritu endemoniado. Después de persignarse, junto a otros mineros que alcanzaron a ver lo mismo, aceleró y le pasó el bus por encima. Una vez en su destino, la capital, algunos fueron interrogados sobre el parachoques abollado y las manchas de sangre, dijeron de forma unánime que fue un animal, sin necesidad de ponerse de acuerdo, pues todos tenían claro que la gente de la ciudad no suele entender aquellos casos. Al regresar a la mina en enero, pasaron por encima de unas costillas secas y se pincharon un par de llantas. Valga la aclaración, había una persistencia neumática por parte del cadáver: La cadera pinchó un triciclo lleno de papas y una bicicleta fue a dar en el canal con el conductor ebrio gracias a la mandíbula. Obligados por el percance, se detuvieron a cambiar una llanta para poder continuar con el viaje, al reconocer que el incidente había sucedido en el mismo sitio de la aparición, culparon al espíritu maldito, hecho que confirmaron al hallar una de las sucias trenzas atoradas en la trasmisión delantera. Para asegurarse de que los dejara en paz quemaron la trenza y le dedicaron una oración, tras lo cual regresaron sin ninguna otra novedad.
 
Por aquella carretera pasaban dos carros al año: En diciembre, cuando los mineros salían de vacaciones; y en enero, cuando volvían al campamento. Al alumbrar el chofer a una hipy desnuda, más blanca que la leche, corriendo como idiota con la cabeza llena de rastas multicolores, creyó que se trataba de un espíritu endemoniado. Después de persignarse, junto a otros mineros que alcanzaron a ver lo mismo, aceleró y le pasó el bus por encima. Una vez en su destino, la capital, algunos fueron interrogados sobre el parachoques abollado y las manchas de sangre, dijeron de forma unánime que fue un animal, sin necesidad de ponerse de acuerdo, pues todos tenían claro que la gente de la ciudad no suele entender aquellos casos. Al regresar a la mina en enero, pasaron por encima de unas costillas secas y se pincharon un par de llantas. Valga la aclaración, había una persistencia neumática por parte del cadáver: La cadera pinchó un triciclo lleno de papas y una bicicleta fue a dar en el canal con el conductor ebrio gracias a la mandíbula. Obligados por el percance, se detuvieron a cambiar una llanta para poder continuar con el viaje, al reconocer que el incidente había sucedido en el mismo sitio de la aparición, culparon al espíritu maldito, hecho que confirmaron al hallar una de las sucias trenzas atoradas en la trasmisión delantera. Para asegurarse de que los dejara en paz quemaron la trenza y le dedicaron una oración, tras lo cual regresaron sin ninguna otra novedad.
Una intensa narración donde cada personaje disocia la formalidad de la vida
desde el contraste de puntos de vista. me ha gustado.
saludos de luzyabsenta
 

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