LA CIUDAD MUERE
Ahora me ocupo de mí
de esta urgente creación de aquel que soy
para ello me siento y con la lentitud de un protozoo fagótrofo
voy construyendo la puerta que me dará acceso al castillo.
Debato con los buitres y sus carroñas
muestro mi amor al guardián de las alturas y espero
espero componiendo aparejos imposibles que darán fuerza y belleza
a mi puerta inaccesible.
Es la música mi alimento
que comparto con anacoretas perdidos
con nubes voluptuosas que enviarán mis venenos a los hombres
la puerta estará cerrada y en mi corazón sus llaves.
Trazo arcuaciones y esviajes
poternas con accesos de secretos acertijos
elevo hasta las cúspides rojas del ensueño
mis oraciones que fertilizan la piedra.
Arco iris indelebles en cielos apoyados sobre hombros de cíclopes
mansardas penetradas por el fragor de las calles
la pasión desbordada de las frívolas cantantes de algún sótano
este es mi imperio y mi límite y yo lo acepto.
Desde algún lugar que no es
me llegan imposibles coordenadas para repetir mis hazañas
yo las desprecio y construyo lo que será mío
en eternidades pasadas por la lluvia.
A través de óculos fragmentados por los rumores del agua
las gárgolas espeluznadas llaman a los almendros en flor
hueros dramas que impregnan las primaveras silenciosas de la ciudad sin jardines
ante mí, mi puerta se alza imperturbable impidiéndome la danza.
Hay júbilo entre las viejas damas del placer
se requisan por órdenes superiores las casacas militares que allí dejaron en prenda
en pago de los carnales favores
es la hecatombe civil tanto tiempo demandada.
Ah de los pintores noctívagos
ah de las acuarelas pintadas con los rojos de la sangre licuada
ah de mis canciones usurpadas a las águilas
oscilan los trapecios adiabáticos preparados para el último salto mortal de la ecuyère.
Caiga sobre mí la noche insólita
yo sabré sostenerla y transformarla en risa sardónica
los sacrílegos altares se desmontan y trasladan
a los viejos palacios episcopales.
Cae el telón
La ciudad se apaga y muere
místicas avutardas la trasladan sobre sus alas procaces
al paraíso de los viejos constructores.
Ilust.: Pinterest
Ahora me ocupo de mí
de esta urgente creación de aquel que soy
para ello me siento y con la lentitud de un protozoo fagótrofo
voy construyendo la puerta que me dará acceso al castillo.
Debato con los buitres y sus carroñas
muestro mi amor al guardián de las alturas y espero
espero componiendo aparejos imposibles que darán fuerza y belleza
a mi puerta inaccesible.
Es la música mi alimento
que comparto con anacoretas perdidos
con nubes voluptuosas que enviarán mis venenos a los hombres
la puerta estará cerrada y en mi corazón sus llaves.
Trazo arcuaciones y esviajes
poternas con accesos de secretos acertijos
elevo hasta las cúspides rojas del ensueño
mis oraciones que fertilizan la piedra.
Arco iris indelebles en cielos apoyados sobre hombros de cíclopes
mansardas penetradas por el fragor de las calles
la pasión desbordada de las frívolas cantantes de algún sótano
este es mi imperio y mi límite y yo lo acepto.
Desde algún lugar que no es
me llegan imposibles coordenadas para repetir mis hazañas
yo las desprecio y construyo lo que será mío
en eternidades pasadas por la lluvia.
A través de óculos fragmentados por los rumores del agua
las gárgolas espeluznadas llaman a los almendros en flor
hueros dramas que impregnan las primaveras silenciosas de la ciudad sin jardines
ante mí, mi puerta se alza imperturbable impidiéndome la danza.
Hay júbilo entre las viejas damas del placer
se requisan por órdenes superiores las casacas militares que allí dejaron en prenda
en pago de los carnales favores
es la hecatombe civil tanto tiempo demandada.
Ah de los pintores noctívagos
ah de las acuarelas pintadas con los rojos de la sangre licuada
ah de mis canciones usurpadas a las águilas
oscilan los trapecios adiabáticos preparados para el último salto mortal de la ecuyère.
Caiga sobre mí la noche insólita
yo sabré sostenerla y transformarla en risa sardónica
los sacrílegos altares se desmontan y trasladan
a los viejos palacios episcopales.
Cae el telón
La ciudad se apaga y muere
místicas avutardas la trasladan sobre sus alas procaces
al paraíso de los viejos constructores.
Ilust.: Pinterest