guillermo rasta
Poeta fiel al portal
Y aquella luz de amor que había visto,
solo fue un pobre reflejo de aquellos años
tan maravillosos,
cuando todo era tranquilo y nadie era envidioso..
Pero hoy me siento más solo que nunca,
siento que mis palabras se las continua llevando el viento
y que soy un pobre diablo condenado por las palabras
y por la tristeza mía que me mata despacio,
pues me siento tan solo y triste
que podría morir, morir,
porque ella ya no está aquí
y porque ya nadie sabe lo que es ser feliz...
No inquietes mucho alma mía,
estos momentos son pasajeros,
porque yo sé que encontraré el amor verdadero,
quizás muy lejos de mi tierra,
cruzar el mar y verla a ella,
blanca, naranja o azulina,
la encontraré donde sea y será mi mejor vista.
Pero en estos tiempos de depresión
ya incluso sin conocerla,
necesito tanto de ella,
que uno solo de sus abrazos,
calmaría aquellas lágrimas que salen de mis ojos,
de mis pupilas
y de aquellas ventanas mías,
que suelen estar tan equivocadas,
no tan solo un día, pero quien lo diría.
Ahora quiero la muerte,
pues no tengo nada ni a nadie,
no tengo ni quien me ame ni quien me abrace,
mis fuerzas se van
y mi agonía se engrandece,
muero, muero,
y no creo que exista un cielo para este risueño...
solo fue un pobre reflejo de aquellos años
tan maravillosos,
cuando todo era tranquilo y nadie era envidioso..
Pero hoy me siento más solo que nunca,
siento que mis palabras se las continua llevando el viento
y que soy un pobre diablo condenado por las palabras
y por la tristeza mía que me mata despacio,
pues me siento tan solo y triste
que podría morir, morir,
porque ella ya no está aquí
y porque ya nadie sabe lo que es ser feliz...
No inquietes mucho alma mía,
estos momentos son pasajeros,
porque yo sé que encontraré el amor verdadero,
quizás muy lejos de mi tierra,
cruzar el mar y verla a ella,
blanca, naranja o azulina,
la encontraré donde sea y será mi mejor vista.
Pero en estos tiempos de depresión
ya incluso sin conocerla,
necesito tanto de ella,
que uno solo de sus abrazos,
calmaría aquellas lágrimas que salen de mis ojos,
de mis pupilas
y de aquellas ventanas mías,
que suelen estar tan equivocadas,
no tan solo un día, pero quien lo diría.
Ahora quiero la muerte,
pues no tengo nada ni a nadie,
no tengo ni quien me ame ni quien me abrace,
mis fuerzas se van
y mi agonía se engrandece,
muero, muero,
y no creo que exista un cielo para este risueño...