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La condena.

Carlos Aristy

Poeta que considera el portal su segunda casa
La condena.



Airun, hoy cumplí mi condena.
En la desesperación de la espera,
el cartero pagó todas las que debía...

Nunca llegaron tus cartas
selladas con el beso de tus labios.
(A mi me dijeron los presos
que así debían llegar las cartas de amor:
unos labios carnosos sellando el sobre)

Yo las esperé pacientemente primero,
sentado en los escalones de la puerta.
Llegaba el sol en toda su gloria
y más atrás llegaban las nubes cargadas de llanto.

Y nunca llegaron tus cartas.
Yo aprendí el lenguaje del cisne negro,
releí a Rayuela seis veces, y no te vi.

Llegaba el rocío y tú te levantabas
de la tierra con tu olor de diosa.
Llegaba la noche inmensa con sus estrellas
abrazando el continente de costa a costa,
y tú no estabas, Airun.

Hoy cumplí mi condena, pero estoy seguro
de que pronto vendrán a hablarme
del cuello torcido de un cisne negro...


4 de Abril de 2009
 
Última edición:
La condena.



Airun, hoy cumplí mi condena.
En la desesperación de la espera,
el cartero pagó todas las que debía...

Nunca llegaron tus cartas
selladas con el beso de tus labios.
(A mi me dijeron los presos
que así debían llegar las cartas de amor:
unos labios carnosos sellando el sobre)

Yo las esperé pacientemente primero,
sentado en los escalones de la puerta.
Llegaba el sol en toda su gloria
y más atrás llegaban las nubes cargadas de llanto.

Y nunca llegaron tus cartas.
Yo aprendí el lenguaje del cisne negro,
releí a Rayuela seis veces, y no te vi.

Llegaba el rocío y tú te levantabas
de la tierra con tu olor de diosa.
Llegaba la noche inmensa con sus estrellas
abrazando el continente de costa a costa,
y tú no estabas, Airun.

Hoy cumplí mi condena, pero estoy seguro
de que pronto vendrán ha hablarme
del cuello torcido de un cisne negro...


4 de Abril de 2009


Buen poema, Carlos, como de costumbre. Impresionante el último verso.
Abrazos desde mi bahía.
 
La condena.



Airun, hoy cumplí mi condena.
En la desesperación de la espera,
el cartero pagó todas las que debía...

Nunca llegaron tus cartas
selladas con el beso de tus labios.
(A mi me dijeron los presos
que así debían llegar las cartas de amor:
unos labios carnosos sellando el sobre)

Yo las esperé pacientemente primero,
sentado en los escalones de la puerta.
Llegaba el sol en toda su gloria
y más atrás llegaban las nubes cargadas de llanto.

Y nunca llegaron tus cartas.
Yo aprendí el lenguaje del cisne negro,
releí a Rayuela seis veces, y no te vi.

Llegaba el rocío y tú te levantabas
de la tierra con tu olor de diosa.
Llegaba la noche inmensa con sus estrellas
abrazando el continente de costa a costa,
y tú no estabas, Airun.

Hoy cumplí mi condena, pero estoy seguro
de que pronto vendrán ha hablarme
del cuello torcido de un cisne negro...


4 de Abril de 2009



la noche es ese cisne negro en la inmensidad de La Poesía. Un gusto leerte!
 

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