José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
LA CÚPULA
La cúpula.
La cúspide de la pirámide
solo hace que copular dándonos por detrás,
indiscriminadamente,
torpedeando a doquier sin mirar mirando.
Acceden a dirigir sin saber ser dirigidos
y su arrogancia y tiranía son sus asesores preferidos.
Sus enemigos: la razón y la mesura
Sus adversarios: la sensatez y la cordura.
Solo se rodean de colaboradores miserables,
sapos y pendejos
quienes son capaces de vender a su madre,
según les bufe o acaricie el viento.
Siempre que en ello vean prebendas,
y pingües estipendios.
Nadie se libra de su retórica violencia
generan necesidades y compran conciencias,
nos manipulan contándonos cuentas y cuentos fariseos
y nos ganan con miedos de brujas y migajas vomitadas,
son capaces de enardecer sin convencer
y ahorcarte sin sentir la soga.
Nadie se puede salvar de la metástasis
arraigada en nuestro tejido social,
actúan a sabiendas
del malestar general,
y no les importa, pues la telaraña de su maña
alcanza hasta el más allá.
Se creen inmunes e indestructibles,
y el callo de su corazón y conciencia
les blinda ante la misericordia
y la decencia.
¿Quién les va a tocar? …
¿Quién les puede parar? ...
La cúpula.
La cúspide de la pirámide
solo hace que copular dándonos por detrás,
indiscriminadamente,
torpedeando a doquier sin mirar mirando.
Acceden a dirigir sin saber ser dirigidos
y su arrogancia y tiranía son sus asesores preferidos.
Sus enemigos: la razón y la mesura
Sus adversarios: la sensatez y la cordura.
Solo se rodean de colaboradores miserables,
sapos y pendejos
quienes son capaces de vender a su madre,
según les bufe o acaricie el viento.
Siempre que en ello vean prebendas,
y pingües estipendios.
Nadie se libra de su retórica violencia
generan necesidades y compran conciencias,
nos manipulan contándonos cuentas y cuentos fariseos
y nos ganan con miedos de brujas y migajas vomitadas,
son capaces de enardecer sin convencer
y ahorcarte sin sentir la soga.
Nadie se puede salvar de la metástasis
arraigada en nuestro tejido social,
actúan a sabiendas
del malestar general,
y no les importa, pues la telaraña de su maña
alcanza hasta el más allá.
Se creen inmunes e indestructibles,
y el callo de su corazón y conciencia
les blinda ante la misericordia
y la decencia.
¿Quién les va a tocar? …
¿Quién les puede parar? ...
José IgnacioAyuso