La dama de la ducha.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Allí estaba ella, toda, sembrada.
Traía ideas nuevas, bajo su toalla.
En su albornoz se cubre, con el espejo empañado.
Después de la ducha, sonríe y estamos empatados.


Ni gano, ni pierdo. No pierdo los estribos, ni los papeles.


Tampoco soy el ombligo del mundo, ni merezco del triunfo, sus mieles.
Pero nuestras pieles pegadas, nos alivian de la gran presión, que hay en cada mundo.
En menos de un segundo, la frecuento ardientemente, siguiendo la estela,
de la letra pequeña del contrato.




Vive, sueña, goza, sufre. Vida universal, después de todo.


No es un arrebato lo que siento, ni unas ganas tremendas de obtenerla.
Presa codiciada por mi tribu. Reina del trabajo y del esfuerzo.
Ensoñación de las aguas turbulentas. Tormenta del desierto.
Harén del árabe adinerado. Ella es como todas las demás, unidas en un solo cuerpo.


Me tiemblan las piernas. Me castañetean los dientes. Cierro los puños; se me saltan las lágrimas.


Me contengo, de puro milagro. El éxtasis está a mi alcance.
Suena el teléfono. Suena el timbre de la puerta.
Llaman los pájaros, a picotazo limpio, en las ventanas.
Y ella se tumba, de repente. Me da cabida. ¡ Sí ! Dio cabida al Gozo.
 
Última edición:
Estupendo tu musa al fin cedió que bueno
 
Última edición por un moderador:
¡ Gracias, amigas ! Compañeras. Estoy saciado.
No puedo más.
Es como hartarse de comer.
¡ Menudo festín ! Un banquete nupcial.
 
Allí estaba ella, toda, sembrada.
Traía ideas nuevas, bajo su toalla.
En su albornoz se cubre, con el espejo empañado.
Después de la ducha, sonríe y estamos empatados.


Ni gano, ni pierdo. No pierdo los estribos, ni los papeles.


Tampoco soy el ombligo del mundo, ni merezco del triunfo, sus mieles.
Pero nuestras pieles pegadas, nos alivian de la gran presión, que hay en cada mundo.
En menos de un segundo, la frecuento ardientemente, siguiendo la estela,
de la letra pequeña del contrato.




Vive, sueña, goza, sufre. Vida universal, después de todo.


No es un arrebato lo que siento, ni unas ganas tremendas de obtenerla.
Presa codiciada por mi tribu. Reina del trabajo y del esfuerzo.
Ensoñación de las aguas turbulentas. Tormenta del desierto.
Harén del árabe adinerado. Ella es como todas las demás, unidas en un solo cuerpo.


Me tiemblan las piernas. Me castañetean los dientes. Cierro los puños; se me saltan las lágrimas.


Me contengo, de puro milagro. El éxtasis está a mi alcance.
Suena el teléfono. Suena el timbre de la puerta.
Llaman los pájaros, a picotazo limpio, en las ventanas.
Y ella se tumba, de repente. Me da cabida. ¡ Sí ! Dio cabida al Gozo.
Ella tenia esa diferencia para ensoñar y dejar que
las incertidumbres veladas fuesen rezume de
transformaciones. bellissimo. luzyabsenta
 

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