Amada mía,
entre todos los números reales te busqué,
entre todo ese conjunto te encontré;
sin operaciones ni cálculos te descubrí;
estabas en el primerísimo lugar, eras lo inicial,
lo primigenio, la primicia; eras el uno para mí
y de ese uno me enamoré.
Te preferí, te quiero, y te amaré,
no por lo fácil de hallarte al principio,
no por lo pronto de verte al comienzo,
no por lo rápido de contarte empezando de cero,
no por lo simple de calcularte desde la nada;
sino por lo auténtico único, como lo precedente,
por lo primero admirable, como el sol,
por lo más deslumbrante, como la luz,
por lo más sorprendente, como la gravedad,
por la esencia de los símbolos, como los números,
por el desempeño del papel principal, como la unidad,
por lo imposible de medir, como el infinito,
por lo inacabable de conocer, como el universo,
por la dedicación postrada, como a la oración,
por la suprema entrega, como a Dios,
Entonces,
seamos, ambos, mi amor,
los dos sumandos de una suma ilimitada;
los dos multiplicandos de un producto integral.
Si en un momento relativo
tú eres minuendo positivo y yo negativo sustraendo,
anularé las diferencias con mi amor exponencial.
Si nos toca dividir,
tú, dividendo generoso, y yo, divisor complaciente,
cederemos el cociente y donaremos el residuo.
Yo, siendo la base infinitesimal, y tú el gran exponente,
cual dos cantidades racionales, alcanzaremos juntos
la potencia infinita.
En fin, amada mía,
tú, la radical de las raíces, y yo, el índice insignificante,
sin estadísticas ni contabilidades,
volaremos de lo concreto a lo abstracto.
entre todos los números reales te busqué,
entre todo ese conjunto te encontré;
sin operaciones ni cálculos te descubrí;
estabas en el primerísimo lugar, eras lo inicial,
lo primigenio, la primicia; eras el uno para mí
y de ese uno me enamoré.
Te preferí, te quiero, y te amaré,
no por lo fácil de hallarte al principio,
no por lo pronto de verte al comienzo,
no por lo rápido de contarte empezando de cero,
no por lo simple de calcularte desde la nada;
sino por lo auténtico único, como lo precedente,
por lo primero admirable, como el sol,
por lo más deslumbrante, como la luz,
por lo más sorprendente, como la gravedad,
por la esencia de los símbolos, como los números,
por el desempeño del papel principal, como la unidad,
por lo imposible de medir, como el infinito,
por lo inacabable de conocer, como el universo,
por la dedicación postrada, como a la oración,
por la suprema entrega, como a Dios,
Entonces,
seamos, ambos, mi amor,
los dos sumandos de una suma ilimitada;
los dos multiplicandos de un producto integral.
Si en un momento relativo
tú eres minuendo positivo y yo negativo sustraendo,
anularé las diferencias con mi amor exponencial.
Si nos toca dividir,
tú, dividendo generoso, y yo, divisor complaciente,
cederemos el cociente y donaremos el residuo.
Yo, siendo la base infinitesimal, y tú el gran exponente,
cual dos cantidades racionales, alcanzaremos juntos
la potencia infinita.
En fin, amada mía,
tú, la radical de las raíces, y yo, el índice insignificante,
sin estadísticas ni contabilidades,
volaremos de lo concreto a lo abstracto.