La dilución del poeta.

Gracias Lyrical Guitar por tu apreciación del contraste. Siempre creí que un micro cuanto más corto mejor siempre que cuente una historia. Ando tras el micro de una sola palabra.
La poesía para mi nunca es un refugio, es en la mayoría de las ocasiones un escape, un desahogo, una necesidad, porque no aprendí a llorar, ni a gritar, y las paredes que me rodean ya cayeron todas a golpes de mi cabezonería.
Entiendo que escribir para eso es muy peligroso, porque nadie puede estar en tu piel en el momento del fracaso, de la frustración o de la alegría,... cerca si, pero no en el mismo latido. Pero tengo una prevención. Casi todo lo que escribo lo dejo reposar al menos durante un año, después lo vuelvo a leer intentando ser objetivo, para ver si todavía tiene sentido, si todavía dice algo que sea comprensible para un lector. Si es así, lo doy por bueno, sino al contenedor del papel o a la papelera de reciclaje.
 
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Bueno, admito que a mí a veces escribir me hace llorar: cuando escribo sobre algo que me emociona, y logro convocar a las palabras justas, la emoción se me duplica y lloro. No es muy frecuente. A veces lloro sin escribir. En cualquier caso, es interesante concebir la literatura como cauce para el llanto, aunque sea río subterráneo...

abrazo
j.
 

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