ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
Sentada sobre flores de algodón, la Diosa de Oro contempla a sus caballos de fuego:
Estos galopan al borde de los volcanes exhalando cenizas de hierro, relinchando relámpagos secos.
Grandes truenos son sus pisadas, terremotos sus saltos aventureros.
La Diosa de Oro elije a uno. El mas bravo, de ojos negros como el vacío.El gran Potro deja ver su corona en ascuas, su lomo hirviendo.No tiene miedo alguno la Diosa, con dos palabras entra en su corazón de lava.
¡Llévame al borde del Volcán! -fue su orden.
Quiero depositar mis deseos en el pozo incandescente -susurro al oído de su bestia.
En el camino:
Una gran flama resplandecía en el cuerpo desnudo de la Diosa, Oro pulido su piel.
Al final, sus deseos quemaron el cielo; al final, libero al Potro a la suerte del fuego...
[video=youtube;DZSvfbpBueM]http://www.youtube.com/watch?v=DZSvfbpBueM[/video]
Estos galopan al borde de los volcanes exhalando cenizas de hierro, relinchando relámpagos secos.
Grandes truenos son sus pisadas, terremotos sus saltos aventureros.
La Diosa de Oro elije a uno. El mas bravo, de ojos negros como el vacío.El gran Potro deja ver su corona en ascuas, su lomo hirviendo.No tiene miedo alguno la Diosa, con dos palabras entra en su corazón de lava.
¡Llévame al borde del Volcán! -fue su orden.
Quiero depositar mis deseos en el pozo incandescente -susurro al oído de su bestia.
En el camino:
Una gran flama resplandecía en el cuerpo desnudo de la Diosa, Oro pulido su piel.
Al final, sus deseos quemaron el cielo; al final, libero al Potro a la suerte del fuego...
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