Kabuki
Poeta recién llegado
La dulce autoestima de un pájaro
Siento ganas de morirme. La enfermedad
del mundo y el hueso. Cantatas de limoneros
no respiran esta vieja piel. Olor a trigo
seco en los rincones de mi cuarto.
Es para llorar. Llorar y que nadie escuche tu grito.
Relojes de pulsera y de vejez. No hay balsas.
Los amigos de una luca hacen bistecks de Babieca,
y no existen héroes, solo rufianes.
Los primeros duermen en granos de cafés.
Mi letra es viva sobre lecho muerto.
No tengo amigos, no tengo quien me prometa,
no hay ese aliento de decir tu puedes, me gustan
tus poemas. Me cierran las puertas,
editoriales que no leen nada, solo sus ansias.
Me azotan el corral, los enjutos pelilargos
de toxinas de tabaco. Me ponen trabas
pues temen que me acueste con sus mujeres.
Mi guitarra no quiere cantar,
mi sueño se profundiza como los de un muerto,
el camino del pasado asfalta al del futuro.
No veo soles naranjas en él. No miro,
pues me han vapuleado de jabs, el ojo mortal.
Solo, es el residuo del hombre solo,
que en camas de hotel y de familia, es una bolsa.
Sé que al fumar se mira un carrusel flotando
como seguro veían los niños de 7 meses,
al ser mimados como yo nunca fui.
Pero que importa eso, ya pasó, la soga esta
mal ajustada y los pies no están tan fríos
como el suelo de madrugada.
Donde yace congelado como pista de hielo
y en donde el asma brota envenenándome
mis débiles esperanzas.
del mundo y el hueso. Cantatas de limoneros
no respiran esta vieja piel. Olor a trigo
seco en los rincones de mi cuarto.
Es para llorar. Llorar y que nadie escuche tu grito.
Relojes de pulsera y de vejez. No hay balsas.
Los amigos de una luca hacen bistecks de Babieca,
y no existen héroes, solo rufianes.
Los primeros duermen en granos de cafés.
Mi letra es viva sobre lecho muerto.
No tengo amigos, no tengo quien me prometa,
no hay ese aliento de decir tu puedes, me gustan
tus poemas. Me cierran las puertas,
editoriales que no leen nada, solo sus ansias.
Me azotan el corral, los enjutos pelilargos
de toxinas de tabaco. Me ponen trabas
pues temen que me acueste con sus mujeres.
Mi guitarra no quiere cantar,
mi sueño se profundiza como los de un muerto,
el camino del pasado asfalta al del futuro.
No veo soles naranjas en él. No miro,
pues me han vapuleado de jabs, el ojo mortal.
Solo, es el residuo del hombre solo,
que en camas de hotel y de familia, es una bolsa.
Sé que al fumar se mira un carrusel flotando
como seguro veían los niños de 7 meses,
al ser mimados como yo nunca fui.
Pero que importa eso, ya pasó, la soga esta
mal ajustada y los pies no están tan fríos
como el suelo de madrugada.
Donde yace congelado como pista de hielo
y en donde el asma brota envenenándome
mis débiles esperanzas.
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