sara0305
Poeta fiel al portal
¿Dónde está la pincelada rojiza
que antes manchaba a mis pupilas?
Los cuervos del cielo bailan;
luego acometen, en el jardín de mis tijeras.
Soy una niña pequeña,
cuyos primeros pasos magullaron un camino.
Mis palabras iniciales se arremangaron
castas en mi boca de cal;
a cambio mi boca expulsó
un maullido parecido a un segundo,
muerto a puntapiés por un gusano.
Un gusano induciendo al sueño:
Sueño
de silencios y damas tapadas,
de agujeros boreales
con rostros epilépticos en el mar.
Unas manos,
unas manos arrebatándome
los chocolates de la casa vieja.
La casa vieja
con conejos tendidos en las tejas
y pisos vírgenes de inocencia.
A veces parecía que un leve suspiro
la desplomaría.
En las noches
la luna moría en la suciedad de las ventanas
y su brillo enclenque
acariciaba el festín de la fiebre.
Una fiebre alucinando
siempre el mismo paisaje
-una lágrima puritana del infierno-
depositándose en la frente de la muerte.
La muerte púrpura
que nunca llegó a la osamenta
a cambio dejó,
su ausencia rota en cada pierna.
Piernas moviéndose
a su destrucción,
solo un pasaje de la vida.
Sara Montaño
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