Jack82
Poeta recién llegado
Me encargué de cerrar el ataud por última vez y echar la única llave de la cerradura que pedí que le pusieran. Colaboré con los sepultureros a bajar la caja con un extraño sentimiento de indiferencia aderezado con algo de enojo, y hasta que no vi que terminaban de sellar la lápida, no me moví de allí. Me despedí sin echar la vista atrás y con la certeza de que esta vez no volvería a ver fantasmas. Ya ni en sueños volvería a intentar girar su rostro hacia mí para hacerle saber algo que intentaba decirle, con sonidos que nunca llegaba a emitir, con la angustia del que intenta correr y por algún motivo no puede despegar los pies del suelo. Se oían caer tímidamente las últimas gotas de lluvia de la tormenta sobre la chapa del coche mientras arrancaba y me dirigía a tirar aquella llave en lo más profundo de algún pantano. Por el camino pensé que demasiada solemnidad dedicada, y que hubiera terminado antes arrojando los restos en alguna buitrera; al menos no hubiera sido otro cliché.