Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
La esfera cifrada.
¡escucha!, el ruido de las moscas con sus
mochilas de colmena
árbol ininteligible, te observo como a una merluza
recostada sobre los cables sinuosos, desamparo con máscara
de gas
pero cuando pienso en todos los ídolos dorados las máscaras
cantan la ausencia de su naturaleza
donando la simiente de su ignorancia, a las bestias
con manos de lágrima edulcorada, simultáneamente,
gira el falo de lo sueños inconclusos
la mecedora de mimbre yace abandonada, yerta y mortecina,
en el balcón cerca del jazmín. Un pájaro de luz
despega para hundirse entre los címbalos y volver a
despegar
dólmen del ocaso, me circunda tu verdor, en las tardes
que paso entre las enredaderas somnolientas, con un incensario
en el tórax conmovido, tus plantas de vidrio me adormecen,
y canto
y canto. el niño de la lluvia se arma con una espina
de puercoespín y atisba, fresias y yerberas en lontananza, el
águila perderse entre los dédalos del comedor.
una mesa hecha de flores oculta con humo agridulce
el abismo que hay detrás de mi memoria, y a su vez los
ecos del abismo, disipándose en la neblina de los primeros
peldaños, guarda la luz que sólo se respira.
.un poema de Fran y Juampi
¡escucha!, el ruido de las moscas con sus
mochilas de colmena
árbol ininteligible, te observo como a una merluza
recostada sobre los cables sinuosos, desamparo con máscara
de gas
pero cuando pienso en todos los ídolos dorados las máscaras
cantan la ausencia de su naturaleza
donando la simiente de su ignorancia, a las bestias
con manos de lágrima edulcorada, simultáneamente,
gira el falo de lo sueños inconclusos
la mecedora de mimbre yace abandonada, yerta y mortecina,
en el balcón cerca del jazmín. Un pájaro de luz
despega para hundirse entre los címbalos y volver a
despegar
dólmen del ocaso, me circunda tu verdor, en las tardes
que paso entre las enredaderas somnolientas, con un incensario
en el tórax conmovido, tus plantas de vidrio me adormecen,
y canto
y canto. el niño de la lluvia se arma con una espina
de puercoespín y atisba, fresias y yerberas en lontananza, el
águila perderse entre los dédalos del comedor.
una mesa hecha de flores oculta con humo agridulce
el abismo que hay detrás de mi memoria, y a su vez los
ecos del abismo, disipándose en la neblina de los primeros
peldaños, guarda la luz que sólo se respira.