Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
[center:e8bad5c6db]Silente iba la noche
trotando hacia el amanecer,
conversando con el lucero,
sobre amores y querencias,
mas el rocío tempranero
con su arrullo a las flores,
le hablaba al oído cosas,
de enamorado.
Era la hora de la despedida,
ya en el horizonte clareaba el alba,
cantaba el gallo su trino profundo,
y abría en mí corazón,
la ventanita de este amor,
con olor a hierba buena.
Callaron los coros celestes,
Su trino contagioso,
desdoblose la sabana blanca,
y apareció el ardiente amor,
tocando con sus manos tierna,
este triste corazón que cae rendido,
a tus pies pidiéndote perdón.[/center:e8bad5c6db]
trotando hacia el amanecer,
conversando con el lucero,
sobre amores y querencias,
mas el rocío tempranero
con su arrullo a las flores,
le hablaba al oído cosas,
de enamorado.
Era la hora de la despedida,
ya en el horizonte clareaba el alba,
cantaba el gallo su trino profundo,
y abría en mí corazón,
la ventanita de este amor,
con olor a hierba buena.
Callaron los coros celestes,
Su trino contagioso,
desdoblose la sabana blanca,
y apareció el ardiente amor,
tocando con sus manos tierna,
este triste corazón que cae rendido,
a tus pies pidiéndote perdón.[/center:e8bad5c6db]