La Estela de Cassandra

Maloy

Poeta recién llegado
Yo era un chiquillo y ella
una chiquilla,
en aquel reino junto al mar:
pero nos amábamos con un amor
que era más que amor...
Edgar Allan Poe.

¡Calla mi desafinado y exánime corazón!
silencia el disonante y menguado acorde,
estruja hasta dejar inertes y sin risa
las tácitas memorias de tan bellos días.

¿Acaso no ostentas con malicia y orgullo
aquellos viles privilegios de siempre?
la agradable semblanza, la palabra justa,
la voluptuosidad y el don del engaño.

Sé que no es suficiente, oh alma mía,
cuando otrora la esencia dejó el letargo
sublimada por el éxtasis de un amor puro,
guiada por el palpitar de un solo beso.

¡Pero, ahora, embraza aquel placer efímero,
embriágate, te ordeno, con lascivia pura,
aférrate esos cándidos muslos al cuello
y has desangrar la espalda bajo tus uñas!

¡Llena mi vaso con el ron de los piratas,
y enardece un tanto mi apagado ánimo,
tráeme a la más joven e inocente meretriz
que ayude con sus mieles a calmar el hastío!

Que a la postre volverá como un suspiro,
rasgando el velo del selénico silencio
aquella a la extraño, mutada ya en serpiente,
a inocular cuidadosa el ardor de un tierno beso.

Y abandonaré pasivo los burdeles y el vino,
recobraré los pasos que perdí con el tiempo,
y la miseria será tan sólo un eco del pasado.
Hasta entonces; que el maligno guíe mis pasos.
 
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