Edwin Bryan
Poeta recién llegado
Un par de años han pasado y yo,
aquí sentado escribiéndote un par de versos,
que en amor son tan extensos como el universo.
Todo nace de un solo recuerdo, recuerdo solemne e intangible
pero sensible a un suspiro intenso como la luz del Sol.
Nunca se borró de mi mente el excelente vigésimo milenio,
acompañado del año doce que ha de concordar
con las diez y dos primaveras tuyas.
Tanto tiempo y sin momento libre y duradero,
que me hiciera el dardo certero de cupido a tu deseo más escondido;
tanto espacio vacío y sin tu presencia conmigo,
solo el recuerdo es mi abrigo.
¡Tú! que me buscabas siempre a mí, ¡yo! que te evitaba siempre allí;
aquel lugar en dónde te gustaba jugar a la presa del lobo,
cuyo depredador fue el perdedor a causa de la ausente táctica de cazador.
¡Tú! que tal vez fuiste mi otra mitad,
aquella heredad marchita que le ha dado vida a una esperanza deliriosa.
Hoy por hoy, no hay alternativa alguna como para no decirte,
que de un inmenso dia con sabor a meses la oscuridad fue mi incomodidad,
al caducar el brillo real por la falsa sombra de la soledad
y con seguridad afirmo que eres la estrella que perdí.
aquí sentado escribiéndote un par de versos,
que en amor son tan extensos como el universo.
Todo nace de un solo recuerdo, recuerdo solemne e intangible
pero sensible a un suspiro intenso como la luz del Sol.
Nunca se borró de mi mente el excelente vigésimo milenio,
acompañado del año doce que ha de concordar
con las diez y dos primaveras tuyas.
Tanto tiempo y sin momento libre y duradero,
que me hiciera el dardo certero de cupido a tu deseo más escondido;
tanto espacio vacío y sin tu presencia conmigo,
solo el recuerdo es mi abrigo.
¡Tú! que me buscabas siempre a mí, ¡yo! que te evitaba siempre allí;
aquel lugar en dónde te gustaba jugar a la presa del lobo,
cuyo depredador fue el perdedor a causa de la ausente táctica de cazador.
¡Tú! que tal vez fuiste mi otra mitad,
aquella heredad marchita que le ha dado vida a una esperanza deliriosa.
Hoy por hoy, no hay alternativa alguna como para no decirte,
que de un inmenso dia con sabor a meses la oscuridad fue mi incomodidad,
al caducar el brillo real por la falsa sombra de la soledad
y con seguridad afirmo que eres la estrella que perdí.
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