Évano
Libre, sin dioses.
La edad de Félix paseaba otoños
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.
La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.
La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.
Miró lo caminado, y lo que queda.
El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.
Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.
La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.
La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.
Miró lo caminado, y lo que queda.
El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.
Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.