La felicidad 4

Évano

Libre, sin dioses.
La edad de Félix paseaba otoños
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.

La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.

La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.

Miró lo caminado, y lo que queda.

El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.

Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.
 
La edad de Félix paseaba otoños
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.

La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.

La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.

Miró lo caminado, y lo que queda.

El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.

Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.
al final no creo que existe,que interesante Tensón, saludos
 
Hay felicidad en la búsqueda, nunca es perfecta la felicidad y quizá es necesario mas de un yo para darse cuenta el tiempo en que se tiene. Laberintos Sr Evano... que lindo escribe y que filosófico jeje muy mal para mi cabecita a estas horas. Abrazos de la única yo que hoy sobrevive
 
Saldos señor Évano!

Muy singular tu participación, realmente hay tantas formas de dedicarle versos a esta dama tan esquiva que es admirable cada obra que han traído y ver cómo fluyen los versos, como has dicho siempre obras de gran calidad nos encontramos aquí.
Te diré que ando sumamente agobiada y fuera de casa, por lo que no estaré mucho por acá, solo los ratitos en que tenga oportunidad.
Mis felicitaciones Vicente y te dejo un abrazo y siempre mi admiración, con el mismo respeto y carño de siempre,

ligiA
 
Algo pude de entender de tu poema, amigo Vicente, pero creo que la sintaxis (o bien mi falta de talento) compromete la interpretación de lo escrito. En todo caso, parece ser que a Félix le queda poco tiempo. Entonces que no se afane en la búsqueda de lo que apenas dura un instante. Un abrazo y gracias por participar en la tensón.
 
Ojos otoñales los de la edad de Félix, estimado, en esa búsqueda de la mentira. Veo que casi todos nuestros poemas dedicados a la felicidad han resultado tristes...
abrazo
j
 
Tu poema, amigo, que tiene tantas posibilidades de ser interpretado como oscuros son muchos de sus versos, me ha gustado. Esa relación entre el Tiempo que se va y ese verso en donde te interrogas sobre tu personaje : "qué fue de la felicidad de Félix", (cuyo nombre no está buscado al azar, supongo, sino por su relación directa con la palabra sobre la que gira la tensón en esta ocasión), es creo el meollo del poema.

Te doy mi enhorabuena por este trabajo.

Un saludo muy cordial.
 
La edad de Félix paseaba otoños
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.

La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.

La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.

Miró lo caminado, y lo que queda.

El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.

Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.[/QUOTE


Un poema que relata esa búsqueda de lo que quiera que es "la felicidad" para cada ser humano; no se sabe si está dentro o fuera, o pertenece solo al reino de la imaginación; esa búsqueda intensa de la misma nos acompaña desde que recibimos la primera ráfaga de su presencia.
Tu poema me ha recordado a un hombre que conocí llamado Felisindo (Felix para los amigos) , jamás conocí a alguien más infeliz consigo mismo. Todo le iba bien en la vida sin embargo su rostro tenía un permanente rictus amargo que los demás no alcanzábamos a comprender de donde partía. Un día percibí que él era su peor enemigo y que además lo sabía el infeliz Felisindo.
Me ha encantado leerte.
Un cordial saludo
 
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La edad de Félix paseaba otoños
entre las hojas y ojos del ayer.
Hojas y ojos, destellos del pasado
con lo que pudo, y todo lo que fue.

La edad de Félix se acercaba al nicho
de mármol frío que se vuelve negro
y va borrando letras, nombres, lápidas,
hasta no ver al sol; ni a lo nocturno.

La edad de Félix intentaba ser
aquella en donde se pregunta qué,
qué fue de la felicidad de Félix.

Miró lo caminado, y lo que queda.

El Tiempo, dijo, el Tiempo es. Es el tiempo
que se tarda en saber que se inventaron
palabras; o quizás las trajeron otros
de otros mundos; quizás de los utópicos,
de los sueños fantásticos, de dentro;
quizás del reino do imaginan todos
a la misericordia. Que somos uno.

Y se le fue la vida rebuscando
entre tanta leyenda y tanto mito.
Buscando una mentira. A otro yo.
Es lindo pasar por tu rincón poético.
Un cálido saludo.
Siempreviva.
 

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