ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
La fila de espera frente a la ventanilla de los deseos;
atendida por el funcionario más gris,
timbrando torres de papeles en formato oficio
con simbolismos de colores aleatorios.
Ahí esperaban los últimos personajes
que quedaron de los apocalípticos poemas suprarrealistas
de un poeta de la década del 00;
la bailarina sin piernas,
el músico sin oídos,
el poeta sin pasión
y un diablo sin dios.
Ahí esperaban,
mirando sus relojes que no eran más que espejos;
un improvisado lobby del vacío inerte,
donde se miraban ellos de reojo
al ritmo del sonido electrónico del funcionario.
¿Yo estoy mejor que el?
para sus adentros se decían ellos;
para sentirse un poco menos mal
en comparación con el que esta menos peor.
atendida por el funcionario más gris,
timbrando torres de papeles en formato oficio
con simbolismos de colores aleatorios.
Ahí esperaban los últimos personajes
que quedaron de los apocalípticos poemas suprarrealistas
de un poeta de la década del 00;
la bailarina sin piernas,
el músico sin oídos,
el poeta sin pasión
y un diablo sin dios.
Ahí esperaban,
mirando sus relojes que no eran más que espejos;
un improvisado lobby del vacío inerte,
donde se miraban ellos de reojo
al ritmo del sonido electrónico del funcionario.
¿Yo estoy mejor que el?
para sus adentros se decían ellos;
para sentirse un poco menos mal
en comparación con el que esta menos peor.