La flor de un beso

joblam

Poeta que considera el portal su segunda casa
La frescura y belleza juvenil de Andrina fueron el señuelo para que Alejo mordiera el anzuelo. Con apenas trece años de edad vivían un creciente romance a escondidas. Una tarde de agobiante verano, concertaron, en la bodega de Don Pedro, una cita en la laguna.

Con exagerada puntualidad, mostraron sonrisas de ojos entrecerrados, imitando un juego de adultos. Sentados a orillas de las mansas y oscuras aguas, las manos entrelazadas sudaban mientras conversaban disfrutando una barra de chocolate.

-Andrina. Dame un besito de cacao-

-Uuujuuu. Eso tiene una penitencia-

-!Dime cuál! La cumpliré-

-¿Tú ves aquella flor de lirio en medio de la laguna? !La quiero!-

-!Cuenta con eso!- dijo quitándose la camisa.

Acicateado por el deseo, sin pensar en las limitaciones el joven inició intrépidas brazadas. Bastante cerca de la flor detuvo los movimientos. Pasaron angustiosos minutos y Andrina descubrió con estupor, demasiado tarde, que Alejo no sabía nadar.
 
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La frescura y belleza juvenil de Andrina fueron el señuelo para que Alejo mordiera el anzuelo. Con apenas trece años de edad vivían un creciente romance a escondidas. Una tarde de agobiante verano, concertaron, en la bodega de Don Pedro, una cita en la laguna.

Con exagerada puntualidad, mostraron sonrisas de ojos entrecerrados, imitando un juego de adultos. Sentados a orillas de las mansas y oscuras aguas, las manos entrelazadas sudaban mientras conversaban disfrutando una barra de chocolate.

-Andrina. Dame un besito de cacao-

-Uuujuuu. Eso tiene una penitencia-

-!Dime cuál! La cumpliré-

-¿Tú ves aquella flor de lirio en medio de la laguna? !La quiero!-

-!Cuenta con eso!- dijo quitándose la camisa.

Acicateado por el deseo, sin pensar en las limitaciones el joven inició intrépidas brazadas. Bastante cerca de la flor detuvo los movimientos. Pasaron angustiosos minutos y Andrina descubrió con estupor, demasiado tarde, que Alejo no sabía nadar.


Uyyyyyyy!!!!!! Qué pena, yo soy una apostadora a los finales felices, me hubiera gustado que no terminara así... en fin... la vida es un ejemplo de ello. Felicitaciones por este relato tan elocuente. Un abrazo: Graciela
 
Uyyyyyyy!!!!!! Qué pena, yo soy una apostadora a los finales felices, me hubiera gustado que no terminara así... en fin... la vida es un ejemplo de ello. Felicitaciones por este relato tan elocuente. Un abrazo: Graciela

Una agradable sorpresa encontrar tu comentario. Me gusta este tipo de finales porque son inesperados. Gracias por tus felicitaciones. Un abrazo venezolano.
 
Hacía mucho tiempo que no leia tus prosas pero te recordaba porque me gusta como escribes y porque ya había visto tus giros finales, de nuevo me ha gustado. Este más sencillo que otros que tienes, pero siempre interesante, un placer. Saludos!!
 
Hacía mucho tiempo que no leia tus prosas pero te recordaba porque me gusta como escribes y porque ya había visto tus giros finales, de nuevo me ha gustado. Este más sencillo que otros que tienes, pero siempre interesante, un placer. Saludos!!

!Qué agradable encontrarte de nuevo! Me da mucho gusto que aprecies mi trabajo. Gracias por estar presente. Saludos desde Venezuela.
 
La frescura y belleza juvenil de Andrina fueron el señuelo para que Alejo mordiera el anzuelo. Con apenas trece años de edad vivían un creciente romance a escondidas. Una tarde de agobiante verano, concertaron, en la bodega de Don Pedro, una cita en la laguna.

Con exagerada puntualidad, mostraron sonrisas de ojos entrecerrados, imitando un juego de adultos. Sentados a orillas de las mansas y oscuras aguas, las manos entrelazadas sudaban mientras conversaban disfrutando una barra de chocolate.

-Andrina. Dame un besito de cacao-

-Uuujuuu. Eso tiene una penitencia-

-!Dime cuál! La cumpliré-

-¿Tú ves aquella flor de lirio en medio de la laguna? !La quiero!-

-!Cuenta con eso!- dijo quitándose la camisa.

Acicateado por el deseo, sin pensar en las limitaciones el joven inició intrépidas brazadas. Bastante cerca de la flor detuvo los movimientos. Pasaron angustiosos minutos y Andrina descubrió con estupor, demasiado tarde, que Alejo no sabía nadar.
Ayyy Joblan, sorprendente y trájico final para este bello y tierno relato de amor, triste descubrimiento, me he quedado sobrecogida y admirada profundamente por tu natural talento para conducir este interesante relato. Encantada de leerte siempre querido amigo. Besazos con cariño y admiración.
 
Ayyy Joblan, sorprendente y trájico final para este bello y tierno relato de amor, triste descubrimiento, me he quedado sobrecogida y admirada profundamente por tu natural talento para conducir este interesante relato. Encantada de leerte siempre querido amigo. Besazos con cariño y admiración.
Adornas tu comentario con generosidad y me haces sentir satisfecho. Agradezco tu presencia y amabilidad al comentar. Un cálido abrazo fraterno.
 
Algunos caprichos salen caros y al joven enamorado le costó la vida, a veces la inconsciencia hace que no calculemos las consecuencias... qué pena ese trágico final, pero que bien lo has contado. Me ha gustado mucho, un abrazo
 
Algunos caprichos salen caros y al joven enamorado le costó la vida, a veces la inconsciencia hace que no calculemos las consecuencias... qué pena ese trágico final, pero que bien lo has contado. Me ha gustado mucho, un abrazo
Así es mi apreciada poetisa. Difíciles consecuencias sin vuelta atrás. Agradezco la visita y el gentil comentario. Un cálido abrazo.
 
La frescura y belleza juvenil de Andrina fueron el señuelo para que Alejo mordiera el anzuelo. Con apenas trece años de edad vivían un creciente romance a escondidas. Una tarde de agobiante verano, concertaron, en la bodega de Don Pedro, una cita en la laguna.

Con exagerada puntualidad, mostraron sonrisas de ojos entrecerrados, imitando un juego de adultos. Sentados a orillas de las mansas y oscuras aguas, las manos entrelazadas sudaban mientras conversaban disfrutando una barra de chocolate.

-Andrina. Dame un besito de cacao-

-Uuujuuu. Eso tiene una penitencia-

-!Dime cuál! La cumpliré-

-¿Tú ves aquella flor de lirio en medio de la laguna? !La quiero!-

-!Cuenta con eso!- dijo quitándose la camisa.

Acicateado por el deseo, sin pensar en las limitaciones el joven inició intrépidas brazadas. Bastante cerca de la flor detuvo los movimientos. Pasaron angustiosos minutos y Andrina descubrió con estupor, demasiado tarde, que Alejo no sabía nadar.
Amor entregado para agasajar y tener ese final por un flor buscada,
tiernpo, duelce y de fusion mecida. felicidades. luzyabsenta
 

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