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La fuente del sufrimiento

José Ayarza

Poeta asiduo al portal
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¿Por qué en la vida se sufre tanto? ¿Por qué es común oír que la vida es dura o que es un valle de lágrimas cuando siempre nos han dicho y hasta aceptamos que la vida es algo maravilloso?.


La vida es lo único que realmente tenemos y por tanto se supone que es “lo más valioso”. A pesar de las incertidumbres que su camino nos depara, la vida, es lo que somos, lo que vemos, lo que tenemos y lo que aprendemos. Nosotros somos nuestra vida, lo que hacemos a la vista de todos y lo que pensamos íntimamente. Puede que sea algo muy dual, muy bipolar, como está ahora de moda decir, con experiencias buenas y malas, o que sea multicolor incluyendo una amplia gama de neutros, de experiencias regulares y de otras más o menos afortunadas o coloridas donde unas pesan más, y otras pesan menos dependiendo de cómo nos afecten. Pero ¿pesan más las buenas, pesan más las malas o pesan lo mismo? Es difícil responder por la diversidad acontecimientos y de vidas, y sobre todo por la subjetividad de quien lleva la carga. Hay ricos que mueren rodeados de su familia y amargados, y pobres enfermos, desahuciados y en la indigencia, que finalizan sus días con una sonrisa en la boca o un sencillo gesto amable para quien les acompañan. Poner cara a la vida es muy subjetivo. Luego entonces, ¿a qué se debe la pesadumbre y la tristeza que nos acompaña en más o menos medida en nuestras vidas?


Hay bastante gente que coincide en la respuesta, y no la voy a esconder más porque tiene visos de ser cierta: “el deseo insatisfecho es la fuente de nuestros sufrimientos”.


Nuestras deseos, expresos o íntimos, nuestras aspiraciones, nuestros interminables “quiero” mamados en una sociedad materialista y consumista que nos insta a tener de todo, o sencillamente el afán de querer la suerte del prójimo por no ver justas las diferencias que la existencia de cada cual otorga a unos y otros, nos lleva a tener muchos “deseos insatisfechos”, muchas frustraciones que nos entristecen y nos colman de sufrimiento. No tener la casa o el coche de aquel, el estatus de ese o la aceptación, el talento y la popularidad de algún otro, nos pesa, y a veces abrumadoramente. Sí, somos ególatras, egoístas, qué le vamos a hacer; puede que sea una manifestación de nuestro instinto de supervivencia (primero yo, al estilo del “America first” que da gobiernos a curiosos personajes…), es posible. Quizás ahora se entienda algo que nuestra existencia en este mundo avanzado y moldeado para vivir cómodamente, se nos haga tan “dura”.


Nos pasamos la vida deseando y por ende obteniendo cosas, pero cada vez conseguimos una adquirimos una obligación que es la parte negativa y de peso de lo obtenido. Si compras coche o casa hay que mantenerlo, cuidarlo y pagar constantemente por ello, como con los hijos o la familia, si consigues un trabajo aunque sea bueno, hay que cumplir, si tienes pareja hay que corresponder, etc., etc. Cada vez se ve más claro: entre lo que NO podemos tener (deseos insatisfechos) y la parte negativa (las obligaciones) de lo que tenemos, caminamos por la vida con una “gran mochila” que se nos hace pesada por momentos, y más aún cuando flaquean nuestras fuerzas y nuestro espíritu.


Hay quien dice, y parece un sabio consejo, que cuanto menos ambiciones, más feliz podrás ser. Parece acorde con lo que hemos dicho: cuanto más tienes o quieres, más peso, y cuanto menos tengas o quieras, más liviano será nuestro caminar. No es fácil verlo en sociedades donde se idolatran los bienes de consumo, los lujos y las comodidades, pero realmente, deberíamos ambicionar poco más que salud para poder vivir; bueno eso y algunos menesteres que nos permitan cuidar precisamente nuestra salud (buenos alimentos, un techo acogedor, etc.). Sí, lo creo, pero a mí también me parece casi utópico conformarse y bloquear nuestros instintos, nuestra ambición, delante de un “caramelo” de esos de los que a nadie le amargan cuando lo vemos. Realmente es difícil, y por eso estamos como estamos, no digo que mal, pero sí que “así”: padeciendo la “sobrecarga de muchos deseos insatisfechos” y la de los satisfechos. Los dulces,… engordan. ¡Vaya¡


Las primeras que advierten de esto son las religiones que repudian y ven pecaminosa a la ambición, sobre todo la desmedida, y que predican la templanza, la moderación y la generosidad para con los demás. ¿Son buenos consejos, es represión o son las dos cosas?. Las leyes, humanas o sociales, también ordenan nuestra ambición y a cada derecho (a tener) le asignan una obligación (de dar o con la que tendrás que cargar) para que la convivencia sea llevadera dentro de unos márgenes amplios donde los límites de cada opción política dibuja un tipo de sociedad u otra. Es muy parecido el papel de guía y árbitro de las religiones, al de los partidos políticos, si bien los unos tienen leyes emanadas de Dios, y los otros surgidas del pueblo a gobernar (dictadura si manda uno o democracia si opinan todos). Todos “limitan” nuestros deseos y todos así, nos generan sufrimiento. Unos dan contrapartidas a diario y otros prometen un final feliz: el cielo o la vida eterna. En definitiva, que según lo que ambiciones o desees, así tendrás que sufrir. ¡Suerte¡.


José Ayarza© Todos los Derechos Reservados
 
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¿Por qué en la vida se sufre tanto? ¿Por qué es común oír que la vida es dura o que es un valle de lágrimas cuando siempre nos han dicho y hasta aceptamos que la vida es algo maravilloso?.


La vida es lo único que realmente tenemos y por tanto se supone que es “lo más valioso”. A pesar de las incertidumbres que su camino nos depara, la vida, es lo que somos, lo que vemos, lo que tenemos y lo que aprendemos. Nosotros somos nuestra vida, lo que hacemos a la vista de todos y lo que pensamos íntimamente. Puede que sea algo muy dual, muy bipolar, como está ahora de moda decir, con experiencias buenas y malas, o que sea multicolor incluyendo una amplia gama de neutros, de experiencias regulares y de otras más o menos afortunadas o coloridas donde unas pesan más, y otras pesan menos dependiendo de cómo nos afecten. Pero ¿pesan más las buenas, pesan más las malas o pesan lo mismo? Es difícil responder por la diversidad acontecimientos y de vidas, y sobre todo por la subjetividad de quien lleva la carga. Hay ricos que mueren rodeados de su familia y amargados, y pobres enfermos, desahuciados y en la indigencia, que finalizan sus días con una sonrisa en la boca o un sencillo gesto amable para quien les acompañan. Poner cara a la vida es muy subjetivo. Luego entonces, ¿a qué se debe la pesadumbre y la tristeza que nos acompaña en más o menos medida en nuestras vidas?


Hay bastante gente que coincide en la respuesta, y no la voy a esconder más porque tiene visos de ser cierta: “el deseo insatisfecho es la fuente de nuestros sufrimientos”.


Nuestras deseos, expresos o íntimos, nuestras aspiraciones, nuestros interminables “quiero” mamados en una sociedad materialista y consumista que nos insta a tener de todo, o sencillamente el afán de querer la suerte del prójimo por no ver justas las diferencias que la existencia de cada cual otorga a unos y otros, nos lleva a tener muchos “deseos insatisfechos”, muchas frustraciones que nos entristecen y nos colman de sufrimiento. No tener la casa o el coche de aquel, el estatus de ese o la aceptación, el talento y la popularidad de algún otro, nos pesa, y a veces abrumadoramente. Sí, somos ególatras, egoístas, qué le vamos a hacer; puede que sea una manifestación de nuestro instinto de supervivencia (primero yo, al estilo del “America first” que da gobiernos a curiosos personajes…), es posible. Quizás ahora se entienda algo que nuestra existencia en este mundo avanzado y moldeado para vivir cómodamente, se nos haga tan “dura”.


Nos pasamos la vida deseando y por ende obteniendo cosas, pero cada vez conseguimos una adquirimos una obligación que es la parte negativa y de peso de lo obtenido. Si compras coche o casa hay que mantenerlo, cuidarlo y pagar constantemente por ello, como con los hijos o la familia, si consigues un trabajo aunque sea bueno, hay que cumplir, si tienes pareja hay que corresponder, etc., etc. Cada vez se ve más claro: entre lo que NO podemos tener (deseos insatisfechos) y la parte negativa (las obligaciones) de lo que tenemos, caminamos por la vida con una “gran mochila” que se nos hace pesada por momentos, y más aún cuando flaquean nuestras fuerzas y nuestro espíritu.


Hay quien dice, y parece un sabio consejo, que cuanto menos ambiciones, más feliz podrás ser. Parece acorde con lo que hemos dicho: cuanto más tienes o quieres, más peso, y cuanto menos tengas o quieras, más liviano será nuestro caminar. No es fácil verlo en sociedades donde se idolatran los bienes de consumo, los lujos y las comodidades, pero realmente, deberíamos ambicionar poco más que salud para poder vivir; bueno eso y algunos menesteres que nos permitan cuidar precisamente nuestra salud (buenos alimentos, un techo acogedor, etc.). Sí, lo creo, pero a mí también me parece casi utópico conformarse y bloquear nuestros instintos, nuestra ambición, delante de un “caramelo” de esos de los que a nadie le amargan cuando lo vemos. Realmente es difícil, y por eso estamos como estamos, no digo que mal, pero sí que “así”: padeciendo la “sobrecarga de muchos deseos insatisfechos” y la de los satisfechos. Los dulces,… engordan. ¡Vaya¡


Las primeras que advierten de esto son las religiones que repudian y ven pecaminosa a la ambición, sobre todo la desmedida, y que predican la templanza, la moderación y la generosidad para con los demás. ¿Son buenos consejos, es represión o son las dos cosas?. Las leyes, humanas o sociales, también ordenan nuestra ambición y a cada derecho (a tener) le asignan una obligación (de dar o con la que tendrás que cargar) para que la convivencia sea llevadera dentro de unos márgenes amplios donde los límites de cada opción política dibuja un tipo de sociedad u otra. Es muy parecido el papel de guía y árbitro de las religiones, al de los partidos políticos, si bien los unos tienen leyes emanadas de Dios, y los otros surgidas del pueblo a gobernar (dictadura si manda uno o democracia si opinan todos). Todos “limitan” nuestros deseos y todos así, nos generan sufrimiento. Unos dan contrapartidas a diario y otros prometen un final feliz: el cielo o la vida eterna. En definitiva, que según lo que ambiciones o desees, así tendrás que sufrir. ¡Suerte¡.


José Ayarza© Todos los Derechos Reservados
qué decir, tocaste de fondo mi alma, grato leerte y ve por otro camino, un beso
 

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