seso
Poeta asiduo al portal
LA HABITACIÓN DE AL LADO
Palpita la habitación de al lado,
el silencio, su mente vacía,
las zapatillas perdidas debajo de la cama,
palabras que se han volado,
lágrimas que ahora son suave rocío...
Caminan tanto por el desierto
que hay pies llenos de arena,
de oasis, de sueños fluviales,
yo encontré huellas y palabras en mi pared
que el mar ha ido borrando
¡No sé!
Luego, abren la ventana y dejan escapar al sol.
¡Qué extraño!
En la habitación de al lado no hay nadie,
lleva semanas desamparada.
Sin embargo, escucho conversaciones,
susurros, secretos al oído.
En las noches el sueño se me hace pesado,
a veces escucho jaranas,
sonidos insólitos en los rincones,
libros que se abren por el viento,
alguien que se lava la cara.
Hay ratos que parece que hubiera una autopista,
una vía férrea, un aeropuerto, un centro comercial
o todo junto, uno encima del otro.
Y otras, tan sólo grillos discutiendo
o ratones dibujando elefantes
¡No sé! Creo que me estoy volviendo loco.
¿Escuchaste?
Alguien está silbando y echándose perfume
en este mismo instante.
Un cigarrillo debe estar humeando, lo he percibido.
He optado por encender uno y dejar de escribir por un momento
El grito del agua hirviendo empezó justo cuando apague el cigarrillo.
Como si hubiera presionado un botón,
los sonidos de la habitación de al lado rotaron,
¿rotaron?,
pero qué juego es este:
Palpita el silencio.
La mente se ha convertido en un globo
con la entraña abundada de odas al viento.
Las zapatillas cuelgan zigzagueantes en un clavo.
Se acarician, mutuamente, mis pies
y en la suave fricción de abrazarse
descubren arena oculta entre los dedos...
Afuera llueve y hay goteras en mis ojos.
¡Creo que me estoy volviendo loco!
¡Qué extraño!
He despertado en la habitación de al lado.
Palpita la habitación de al lado,
el silencio, su mente vacía,
las zapatillas perdidas debajo de la cama,
palabras que se han volado,
lágrimas que ahora son suave rocío...
Caminan tanto por el desierto
que hay pies llenos de arena,
de oasis, de sueños fluviales,
yo encontré huellas y palabras en mi pared
que el mar ha ido borrando
¡No sé!
Luego, abren la ventana y dejan escapar al sol.
¡Qué extraño!
En la habitación de al lado no hay nadie,
lleva semanas desamparada.
Sin embargo, escucho conversaciones,
susurros, secretos al oído.
En las noches el sueño se me hace pesado,
a veces escucho jaranas,
sonidos insólitos en los rincones,
libros que se abren por el viento,
alguien que se lava la cara.
Hay ratos que parece que hubiera una autopista,
una vía férrea, un aeropuerto, un centro comercial
o todo junto, uno encima del otro.
Y otras, tan sólo grillos discutiendo
o ratones dibujando elefantes
¡No sé! Creo que me estoy volviendo loco.
¿Escuchaste?
Alguien está silbando y echándose perfume
en este mismo instante.
Un cigarrillo debe estar humeando, lo he percibido.
He optado por encender uno y dejar de escribir por un momento
El grito del agua hirviendo empezó justo cuando apague el cigarrillo.
Como si hubiera presionado un botón,
los sonidos de la habitación de al lado rotaron,
¿rotaron?,
pero qué juego es este:
Palpita el silencio.
La mente se ha convertido en un globo
con la entraña abundada de odas al viento.
Las zapatillas cuelgan zigzagueantes en un clavo.
Se acarician, mutuamente, mis pies
y en la suave fricción de abrazarse
descubren arena oculta entre los dedos...
Afuera llueve y hay goteras en mis ojos.
¡Creo que me estoy volviendo loco!
¡Qué extraño!
He despertado en la habitación de al lado.