acontista1967
Poeta recién llegado
Ya no puedo poetizar amor mío, ya no puedo ser poeta.
Ya no puedo cantar el paisaje de nuestros días idos
Ni la luz de de tus ojos y tu risa cundiendo de esplendor la floresta de mis pensamientos,
Ni el perfume de tu tenue presencia despidiendo un ocaso enladrillado
A la orilla del rio tumultuoso de nuestros veinte años.
Cuando dentro de mí llueven recuerdos tuyos
Sólo puedo acertar a susurrar algunos versos vagos de unos poetas muertos
Que en vida fueron todo lo poetas que humano corazón pudiera ser
Y que cantaron todo cuanto podía ser cantado, pero que están ausentes.
Cantaron las andanzas del tiempo que se fue para los dos
Y la casta ternura que nos dimos y la dulce alegría que acompasaba nuestros pasos.
Y sus palabras nos traían un silencio insondable entre cantos de pájaros;
El vuelo del olvido, los besos, los abrazos
Y el lento transcurrir del tiempo muerto.
¿Recuerdas que habitamos la ciudad: sus calles, sus esquinas, sus parques y sus noches?
Y ahora, con una temblorosa sensación,
Es el espectro de todas esas cosas el que habita en nosotros.
El mundo estaba afuera y era lo disponible,
Y nos pertenecía con sólo que extendiéramos la mano.
Ahora todo yace guardado entre nosotros, como en cajones viejos. . .y todo es tan ajeno.
Ya verás, ya verás amor mío. . .
El momento vendrá en que estaremos llenos de la ausencia de todo lo importante y lo querido;
Tan sólo lo intangible será nuestro,
Como son los fantasmas familiares del viejo caserón.
Ya no puedo cantar el paisaje de nuestros días idos
Ni la luz de de tus ojos y tu risa cundiendo de esplendor la floresta de mis pensamientos,
Ni el perfume de tu tenue presencia despidiendo un ocaso enladrillado
A la orilla del rio tumultuoso de nuestros veinte años.
Cuando dentro de mí llueven recuerdos tuyos
Sólo puedo acertar a susurrar algunos versos vagos de unos poetas muertos
Que en vida fueron todo lo poetas que humano corazón pudiera ser
Y que cantaron todo cuanto podía ser cantado, pero que están ausentes.
Cantaron las andanzas del tiempo que se fue para los dos
Y la casta ternura que nos dimos y la dulce alegría que acompasaba nuestros pasos.
Y sus palabras nos traían un silencio insondable entre cantos de pájaros;
El vuelo del olvido, los besos, los abrazos
Y el lento transcurrir del tiempo muerto.
¿Recuerdas que habitamos la ciudad: sus calles, sus esquinas, sus parques y sus noches?
Y ahora, con una temblorosa sensación,
Es el espectro de todas esas cosas el que habita en nosotros.
El mundo estaba afuera y era lo disponible,
Y nos pertenecía con sólo que extendiéramos la mano.
Ahora todo yace guardado entre nosotros, como en cajones viejos. . .y todo es tan ajeno.
Ya verás, ya verás amor mío. . .
El momento vendrá en que estaremos llenos de la ausencia de todo lo importante y lo querido;
Tan sólo lo intangible será nuestro,
Como son los fantasmas familiares del viejo caserón.