La leyenda del rey y el mendigo
La vida anda revuelta, nos hace vagavundear,
entre cientos de caminos, ha nuestra libre voluntad.
Muchas son las disputas que llegué a escuchar,
pero cierta solo escuché una, cierta verdad.
¿Cómo puedo estar seguro y a fé juramentar?
Pues leer atentamente os lo voy a explicar.
entre cientos de caminos, ha nuestra libre voluntad.
Muchas son las disputas que llegué a escuchar,
pero cierta solo escuché una, cierta verdad.
¿Cómo puedo estar seguro y a fé juramentar?
Pues leer atentamente os lo voy a explicar.
Si de historia vais prestos, sabreis humanidad
que de cuentos y leyendas hailas por narrar.
Conocí una, que por su naturaleza os va a trasvalsar.
que de cuentos y leyendas hailas por narrar.
Conocí una, que por su naturaleza os va a trasvalsar.
Cuentan que un jóven dessarrapado y de mal andar,
llegó a pie de una corte en la que no existía mas verdad.
Según la de un sobervio soberano dictaba a su hazar.
llegó a pie de una corte en la que no existía mas verdad.
Según la de un sobervio soberano dictaba a su hazar.
Y era bien conocida por los habitantes de esta corte,
la insana justícia que suele convivir en los más desalmados.
Si al monarca no gustabas ha cuchillo habría de acabar.
la insana justícia que suele convivir en los más desalmados.
Si al monarca no gustabas ha cuchillo habría de acabar.
Imagináros que impetuosa voluntad ha de albergar
un ser humano para golpear las puertas de la degollina.
Que entró el mal oliente mendigo hasta el pie del altar.
Ya que dijo que diligéncia traía para su majestat,
y apostado con reverencia dijo estas palabras.
un ser humano para golpear las puertas de la degollina.
Que entró el mal oliente mendigo hasta el pie del altar.
Ya que dijo que diligéncia traía para su majestat,
y apostado con reverencia dijo estas palabras.
-Mi alteza, ávido traigo noticia del más alto lugar
que reclama ser conocida al regente de esta ciudad.
Pero antes de que mi encargada plática pueda empezar,
debeis a mi persona contentar con vaso de vino y cuesco de pán.
que reclama ser conocida al regente de esta ciudad.
Pero antes de que mi encargada plática pueda empezar,
debeis a mi persona contentar con vaso de vino y cuesco de pán.
-Decid mensajero, que mi servicio se ocupa ya de dispensar,
pero no vaso de vino sino jarra de la mejor siega os he de dar.
Si decís que de tal principal reino noticias haceis llegar,
ahora pues narar tan esperado despacho y no demoreis más.
pero no vaso de vino sino jarra de la mejor siega os he de dar.
Si decís que de tal principal reino noticias haceis llegar,
ahora pues narar tan esperado despacho y no demoreis más.
-No es despacho que traigo, sino decreto para su majestad
que dice así. Hombre afortunado nacisteis de entre los que más.
Nada echasteis en falta y os empeñaesteis en anelar.
No contento con lo que anelavais empezasteis a robar.
Insatisfecho con lo que robabais decidisteis matar,
que no hay acto mas cobarde ruín y mezquino que asesinar.
Y ha sido tal su locura que ahora solo de ella sabe gozar.
que dice así. Hombre afortunado nacisteis de entre los que más.
Nada echasteis en falta y os empeñaesteis en anelar.
No contento con lo que anelavais empezasteis a robar.
Insatisfecho con lo que robabais decidisteis matar,
que no hay acto mas cobarde ruín y mezquino que asesinar.
Y ha sido tal su locura que ahora solo de ella sabe gozar.
Vista su desmesura que remedio ya no hay, se le aplicará
la única cura que para esta demasía abusiba podría esperar.
Que no alberga conciencia su mente es cierto como la verdad
del hombre que busca sosiego en su alma, a falta de libertad,
por no encontrar en su cuerpo asilo para tan gran humildad.
Así este será su castigo albergar el alma que un día logró olvidar.
la única cura que para esta demasía abusiba podría esperar.
Que no alberga conciencia su mente es cierto como la verdad
del hombre que busca sosiego en su alma, a falta de libertad,
por no encontrar en su cuerpo asilo para tan gran humildad.
Así este será su castigo albergar el alma que un día logró olvidar.
Diciendo estas palabras, termin el mendigo de relatar-
El monarca pálido como estatua se fundió en su miseria,
y ni palabra pudo declarar más de un lamentable sollozar.
Cuenta la leyenda que de aquél rey nunca más se volvió a hablar,
y que al mendigo un ciudadano se la acercó a preguntar.
El monarca pálido como estatua se fundió en su miseria,
y ni palabra pudo declarar más de un lamentable sollozar.
Cuenta la leyenda que de aquél rey nunca más se volvió a hablar,
y que al mendigo un ciudadano se la acercó a preguntar.
¿Cómo osásteis decir tal verdad al rey sin temer su venganza?
Lo cual el mendigo respondió:
Yo nunca temí por mi vida, sino por el vino y el chusco de pán.
Que fueron los que me dieron el coraje para poderlo afrontar.
Y si me preguntais cómo supe el desenlace de tal injustícia.
Sabed que en hombre no solo vive de su aliento y su voluntad,
que aúnque escondamos el alma al mundo, temerosos de su verdad,
es ella quien nos dará sostento guiándonos hacia la eternidad.
Lo cual el mendigo respondió:
Yo nunca temí por mi vida, sino por el vino y el chusco de pán.
Que fueron los que me dieron el coraje para poderlo afrontar.
Y si me preguntais cómo supe el desenlace de tal injustícia.
Sabed que en hombre no solo vive de su aliento y su voluntad,
que aúnque escondamos el alma al mundo, temerosos de su verdad,
es ella quien nos dará sostento guiándonos hacia la eternidad.
Mojopicón
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