Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy como madera de pino veteado,
Dibujos de ti por todos lados
Estas ojeras se llenaron de ti pensando,
Cuando el insomnio se sentó a mi lado
y de ti me estuvo hablando,
Aquella llamada que no esperé
Sonó el teléfono en una mañana gris,
Una voz que matices conocidos discurría
Sobre mi rostro, mi oído y mi nariz,
Te creí en el naufragio de mis días,
Entre inocencia y juventud ya olvidada,
Quedaste atrás girando en tu bicicleta rosada,
Desparramando ternura,
Tu boca roja, En tu blanco rostro, tus pecas diseminadas
Eras mi pequeña de cabellera rizada,
Te quise tanto, vivimos tanto, y tanto recorrimos,
Y despertamos un día lejos con vidas formalizadas,
El destino nos tomo uno a uno en cada mano,
Y las abrió con fuerza y nos separamos,
Vidas lejanas sobre la ausencia apaisada.
Pero el milagro sobre el teléfono, una llamada,
La voz que solo pregunto cómo andaba,
Me hizo desandar mis días hasta recordar,
Cuanto te amaba!...
Dibujos de ti por todos lados
Estas ojeras se llenaron de ti pensando,
Cuando el insomnio se sentó a mi lado
y de ti me estuvo hablando,
Aquella llamada que no esperé
Sonó el teléfono en una mañana gris,
Una voz que matices conocidos discurría
Sobre mi rostro, mi oído y mi nariz,
Te creí en el naufragio de mis días,
Entre inocencia y juventud ya olvidada,
Quedaste atrás girando en tu bicicleta rosada,
Desparramando ternura,
Tu boca roja, En tu blanco rostro, tus pecas diseminadas
Eras mi pequeña de cabellera rizada,
Te quise tanto, vivimos tanto, y tanto recorrimos,
Y despertamos un día lejos con vidas formalizadas,
El destino nos tomo uno a uno en cada mano,
Y las abrió con fuerza y nos separamos,
Vidas lejanas sobre la ausencia apaisada.
Pero el milagro sobre el teléfono, una llamada,
La voz que solo pregunto cómo andaba,
Me hizo desandar mis días hasta recordar,
Cuanto te amaba!...
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