Eremita
Poeta recién llegado
La lluvia sobre ella.
Mientras el gris se hace dueño del cielo
y la niebla se enreda entre los sauces,
unas furtivas gotas van marcando el sendero
que la lluvia escogió para esta tarde.
Adelante va ella, sus pasos presurosos,
no alcanzan a sortear el agua que la envuelve
y se deja llevar por el diluvio,
camina entre la lluvia cual si fuese danzando.
Ella, la mujer que yo quise, es una estrella
y va feliz, despeinada y sonriente,
sus ojos, como besos de amantes,
son sensuales, atrevidos y oscuros.
Ella, la mujer que yo quiero, va serena,
en su ropa mojada va su cuerpo caliente.
Su corazón abierto, libre y desatado
es una flor que se abre en las lluvias de Junio.
Régulo Briceño.
Mientras el gris se hace dueño del cielo
y la niebla se enreda entre los sauces,
unas furtivas gotas van marcando el sendero
que la lluvia escogió para esta tarde.
Adelante va ella, sus pasos presurosos,
no alcanzan a sortear el agua que la envuelve
y se deja llevar por el diluvio,
camina entre la lluvia cual si fuese danzando.
Ella, la mujer que yo quise, es una estrella
y va feliz, despeinada y sonriente,
sus ojos, como besos de amantes,
son sensuales, atrevidos y oscuros.
Ella, la mujer que yo quiero, va serena,
en su ropa mojada va su cuerpo caliente.
Su corazón abierto, libre y desatado
es una flor que se abre en las lluvias de Junio.
Régulo Briceño.
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