Fedora Raziel
Poeta recién llegado
La otra noche la luna se posó
Sobre tu hombro.
Esa pequeña luna tocaba tu hombro,
Acariciaba tu hombro,
Jugaba con tu piel en silencio.
No te diste cuenta,
Fuiste inocente y yo cómplice,
Testigo de la luna,
De la dichosa luna que besaba tu hombro,
Que abrazaba tu hombro.
Ese hombro desnudo como mi alma,
Como mis labios encendidos,
Como mis ojos avergonzados
De tanto mirarte,
De tanto amarte.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Con la dulzura de la luna,
Así, con un silencio nocturno.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Y mirarte a los ojos sin miedos,
Me haría eterna en un segundo.
Me pregunto si ese día llegará,
Me pregunto también si te importaría,
Si lo sentirías.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Con la dulzura de la luna,
Con un silencio nocturno,
Mirándote a los ojos sin miedos,
Alejaría nuestra soledad en un beso.
Pero tu hombro parece no querer mis manos,
Prefiere no sentir su temblor.
La luna se cansó,
Se trasladó a otro hombro
Y dejó el tuyo sin despedidas,
¿Cómo pudo no enamorarse de tu piel?
Quizá algún día toque tu hombro
En un instante que no acabe nunca.
No me cansaría como la luna,
Jamás buscaría otro hombro.
Sobre tu hombro.
Esa pequeña luna tocaba tu hombro,
Acariciaba tu hombro,
Jugaba con tu piel en silencio.
No te diste cuenta,
Fuiste inocente y yo cómplice,
Testigo de la luna,
De la dichosa luna que besaba tu hombro,
Que abrazaba tu hombro.
Ese hombro desnudo como mi alma,
Como mis labios encendidos,
Como mis ojos avergonzados
De tanto mirarte,
De tanto amarte.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Con la dulzura de la luna,
Así, con un silencio nocturno.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Y mirarte a los ojos sin miedos,
Me haría eterna en un segundo.
Me pregunto si ese día llegará,
Me pregunto también si te importaría,
Si lo sentirías.
Si tan solo pudiera tocar tu hombro
Con la dulzura de la luna,
Con un silencio nocturno,
Mirándote a los ojos sin miedos,
Alejaría nuestra soledad en un beso.
Pero tu hombro parece no querer mis manos,
Prefiere no sentir su temblor.
La luna se cansó,
Se trasladó a otro hombro
Y dejó el tuyo sin despedidas,
¿Cómo pudo no enamorarse de tu piel?
Quizá algún día toque tu hombro
En un instante que no acabe nunca.
No me cansaría como la luna,
Jamás buscaría otro hombro.