Luis Guillermo Legrand
Poeta recién llegado
La Luna y el río
Hace ya muchas lunas,
la infamia de tus besos llevo,
sobre mis hombros pesada aglomeración de espumas,
de un río confuso y revuelto.
Sus gritos al golpear las rocas,
su llanto que escarba momentos,
insalvable la estrófa sucumbe,
al mirarse el ocaso en su reflejo.
Soledad de corrientes antiguas,
letras sumergidas en sus recuerdos,
en silencio susurra una elegia,
de un nombre que al pronunciar causa revuelo.
-¡Dondé estas que ya verte no puedo!-
-¿Que ha sido de tu rocio perfumante?-
-de aquel sol luminoso en las profundidades de mi lecho-,
causas precisas de mantener en mi tu amor vibrante.
Hace ya tiempos que no me visitas,
que tu luz de plata no retoca mis márgenes,
reflejo que en mí evoca y convence,
que a mis torrentes subyuga cuando recostado
el delirio de mis ojos corrían tras tus bondades.
¡Ay Luna, lunita luna!,
reina de mis pensamientos,
mira que lentas y parsimoniosas son hoy mis fugas,
mira todo este llanto que en mí contengo.
Por enamorarme yo, río,
de tí, Luna mis causas de sueños,
convocando en mi cauce premuras,
de este río que para sí hoy a solas murmura.
Hoy río abajo con pena transito,
con mi amor único doliente en este sepelio,
flores que de mí se apiadan forman lagunas,
que al desembocar más allá de mis portones,
aceptaré que ya te has ido,
comprenderé que para tí he muerto.
Luis Guillermo Legrand
Hace ya muchas lunas,
la infamia de tus besos llevo,
sobre mis hombros pesada aglomeración de espumas,
de un río confuso y revuelto.
Sus gritos al golpear las rocas,
su llanto que escarba momentos,
insalvable la estrófa sucumbe,
al mirarse el ocaso en su reflejo.
Soledad de corrientes antiguas,
letras sumergidas en sus recuerdos,
en silencio susurra una elegia,
de un nombre que al pronunciar causa revuelo.
-¡Dondé estas que ya verte no puedo!-
-¿Que ha sido de tu rocio perfumante?-
-de aquel sol luminoso en las profundidades de mi lecho-,
causas precisas de mantener en mi tu amor vibrante.
Hace ya tiempos que no me visitas,
que tu luz de plata no retoca mis márgenes,
reflejo que en mí evoca y convence,
que a mis torrentes subyuga cuando recostado
el delirio de mis ojos corrían tras tus bondades.
¡Ay Luna, lunita luna!,
reina de mis pensamientos,
mira que lentas y parsimoniosas son hoy mis fugas,
mira todo este llanto que en mí contengo.
Por enamorarme yo, río,
de tí, Luna mis causas de sueños,
convocando en mi cauce premuras,
de este río que para sí hoy a solas murmura.
Hoy río abajo con pena transito,
con mi amor único doliente en este sepelio,
flores que de mí se apiadan forman lagunas,
que al desembocar más allá de mis portones,
aceptaré que ya te has ido,
comprenderé que para tí he muerto.
Luis Guillermo Legrand