Mario Cabral
Poeta asiduo al portal
Con el alma decaída, el corazón destrozado y la vida sin vida
te pedí que me sonrieras y dieras un minuto de alegría
y gigantesca fue mi agonía cuando recibí como respuesta una mirada vacía
entonces llore tu huida mientras recordaba como tu sombra desaparecía
como paso a paso se ahogaban mis sueños en el llanto de sangre que mi
corazón derramo aquel día
como segundo a segundo mi alma de ira se encendía hasta dispersarse
convertida en ceniza
y cuando mi vida menos valía mi rostro recibió una tierna caricia
mi mirada perdida recobro su alegría
y el frio que mis ilusiones abatía lentamente de ese tierno calor huía
entonces me abrazaste y una lagrima en mi hombro derramaste
y ella compacto lo que quedaba de mi alma mostrándole una ilusión que tierna abrazaba mis lagrimas
allí mi corazón ceso su llanto y mis sentimientos se fueron descongelando
pues ante mis ojos se divisaba un paisaje extraño
una silueta que al fín me enseño a calmar mi llanto
y a sentir de nuevo un latir, al tener una nueva razón para vivir.
te pedí que me sonrieras y dieras un minuto de alegría
y gigantesca fue mi agonía cuando recibí como respuesta una mirada vacía
entonces llore tu huida mientras recordaba como tu sombra desaparecía
como paso a paso se ahogaban mis sueños en el llanto de sangre que mi
corazón derramo aquel día
como segundo a segundo mi alma de ira se encendía hasta dispersarse
convertida en ceniza
y cuando mi vida menos valía mi rostro recibió una tierna caricia
mi mirada perdida recobro su alegría
y el frio que mis ilusiones abatía lentamente de ese tierno calor huía
entonces me abrazaste y una lagrima en mi hombro derramaste
y ella compacto lo que quedaba de mi alma mostrándole una ilusión que tierna abrazaba mis lagrimas
allí mi corazón ceso su llanto y mis sentimientos se fueron descongelando
pues ante mis ojos se divisaba un paisaje extraño
una silueta que al fín me enseño a calmar mi llanto
y a sentir de nuevo un latir, al tener una nueva razón para vivir.