jmacgar
Poeta veterano en el portal
La magia (la precuela de Camelot)
Había conseguido dejarlas por fin quietas sólo con un movimiento de la mano en donde sostenía aquella varita que su maestro le había dado; ingrávidamente suspendidas en el aire, todas las cosas que hacía un momento danzaban como locas por el laboratorio alquímico entre alambiques y brebajes se habían detenido; hasta los granos de arena que destilaban por el embudo del reloj quedaron levitando a medio camino entre arriba y abajo. La boca infantil de Arturo no terminaba de cerrarse y sus párpados dejaron de humedecer las pupilas mientras sus grandes y asombrados ojos quedaban fijos en un punto indefinido. El único que pestañeaba satisfecho en aquel recinto mágico era Merlín que, con su búho Arquímedes posado al hombro, pensaba; el muchacho está aprendiendo rápido como una centella