DeSolís
Poeta recién llegado
Se abren los cajones
dentro de mi casa;
vivo solo y en silencio
—no soy yo muy de masas—
¿Puede explicar alguien
exactamente qué pasa?
No es el frío del balcón
lo que movió mi sillón.
Casi siempre oigo voces;
me perturban con creces.
No soy dueño de animales
¿Quién rasga mis paredes
y pierde mis postales?
Sea lo que sea, no ampara:
del techo, rompió la lámpara.
En la cocina abre el grifo,
en la ducha la mampara
y cuando estoy por dormir,
desdobla mi cama.
Sea de día o madrugada,
encuentro mi intimidad vejada.
Hay una cara fija en la ventana
que no tiene forma humana,
pero si cierro las cortinas
me pierdo la tarde cristalina.
¡Qué caro salió jugar a la ouija!
Ahora a todas mis plantas
se les caen las hojas.
dentro de mi casa;
vivo solo y en silencio
—no soy yo muy de masas—
¿Puede explicar alguien
exactamente qué pasa?
No es el frío del balcón
lo que movió mi sillón.
Casi siempre oigo voces;
me perturban con creces.
No soy dueño de animales
¿Quién rasga mis paredes
y pierde mis postales?
Sea lo que sea, no ampara:
del techo, rompió la lámpara.
En la cocina abre el grifo,
en la ducha la mampara
y cuando estoy por dormir,
desdobla mi cama.
Sea de día o madrugada,
encuentro mi intimidad vejada.
Hay una cara fija en la ventana
que no tiene forma humana,
pero si cierro las cortinas
me pierdo la tarde cristalina.
¡Qué caro salió jugar a la ouija!
Ahora a todas mis plantas
se les caen las hojas.