La metodología para saber como nunca decir un "te amo".

Shakespeare entre tus labios.
Pablo neruda entre tus senos.
Y el infierno de Dante entre tus caderas.
Que de la tormenta que ruge sobre mi techo,
que humedece mis ventanas,
y llena de hongos las paredes,
se encuentran los mil y un cuentos que Scheherezade,
jamás acabó de poder contar.

Como las cartas que jamás leíste,
ni las canciones que no pudieron llegar a tu ventana.
O se murieron antes de resbalar de las cuerdas de mi guitarra.
Que paradójico es el amor.
Que inesperada la belleza en lo simple.
Cuantos secretos sin poder revelar,
de los tantos que quise susurrar en tus mejillas.

Me prohibiste amarte,
desde el exacto instante en el que me restringiste.
Si restringir.
Porque fui presa de tus no,
y esclava de tus quizás.
Porque me desvivia las noches y las mañanas,
esperándolos.
Como el adicto que espera a que la droga se termine de cocinar.

No alcanzaron ni las zapatillas más rápidas,
o los pies más ligeros para alcanzarte.
Ni siquiera tus palabras cariñosas sirvieron para aplacar,
estos tsunamis que me rugian en el pecho,
implorando salir a gritarte todos los te amo que tire a la basura.
Porque ahí terminaron hasta tus regalos.
No porque yo fuese rencorosa,
sino porque me estorbaban en la consciencia.
Ah y en el ropero también.
Hasta a las arañas les molestaban.

Tu dirás que lo diste todo,
y quizás en medio de aquel fructuoso debate,
de quién amo más a quién,
yo te diga que me hice una bandera en mi propio planeta,
con el perfume de tu cuerpo.
Pero sería mentir.
Con los perfumes no se pueden hacer símbolos.
Y en mi propio universo te declaré perdida.
Como aquello que desapareció.
Pero acaso algo inexistente puede desaparecer?
 

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