musador
esperando...
Seca.
Terrible seca.
Apenas un hilo de agua
trae el arroyo de la sierra.
Homero duerme,
Homero sueña:
una nubecilla
preñada de agua
toma rostro de mujer
lo mira y se ríe.
Homero la increpa,
le grita,
la nubecilla se ríe.
Homero se prosterna,
su cara contra la tierra reseca,
y llora.
Al levantar la mirada
ve a la nube que lo mira:
de cerca,
ya sin reír,
con cuerpo de mujer.
Homero se levanta,
la nube huye,
deslizándose sobre la piedras.
Homero la persigue,
la atrapa,
la posee brutalmente.
La nube llora.
Homero la acaricia,
conmovido;
la nube llora.
Un trueno despierta a Homero
y el olor de la tierra agradecida
le dice que ya llueve.
Amanece.
Sigue lloviendo.
Homero,
desnudo,
sale de su choza,
disfruta de la lluvia en su piel.
Ve que otros hombres salen de sus chozas,
se le acercan.
Les cuenta su sueño,
bailan en la lluvia.
Seca.
Terrible seca.
Apenas un hilo de agua
trae el arroyo de la sierra.
En el patio entre las chozas
Homero se prosterna
cara contra la tierra
y llora.
Otros hombres se le acercan,
se prosternan y lloran.
Las mujeres salen al patio,
los rodean
y cantan.
Cantan su tristeza,
su soledad en la seca,
la pobreza del arroyo,
la muerte de las vacas,
el llanto de los niños,
las grietas en la tierra.
Cantan.
Una nube escucha,
se acerca desde el horizonte.
Llueve.
Nota. Pido perdón a mis compañeros y lectores por la forma, un tanto prosaica a mi gusto. Mi estro dormita, como el Homero de estas escenas del neolítico.
Terrible seca.
Apenas un hilo de agua
trae el arroyo de la sierra.
Homero duerme,
Homero sueña:
una nubecilla
preñada de agua
toma rostro de mujer
lo mira y se ríe.
Homero la increpa,
le grita,
la nubecilla se ríe.
Homero se prosterna,
su cara contra la tierra reseca,
y llora.
Al levantar la mirada
ve a la nube que lo mira:
de cerca,
ya sin reír,
con cuerpo de mujer.
Homero se levanta,
la nube huye,
deslizándose sobre la piedras.
Homero la persigue,
la atrapa,
la posee brutalmente.
La nube llora.
Homero la acaricia,
conmovido;
la nube llora.
Un trueno despierta a Homero
y el olor de la tierra agradecida
le dice que ya llueve.
Amanece.
Sigue lloviendo.
Homero,
desnudo,
sale de su choza,
disfruta de la lluvia en su piel.
Ve que otros hombres salen de sus chozas,
se le acercan.
Les cuenta su sueño,
bailan en la lluvia.
Seca.
Terrible seca.
Apenas un hilo de agua
trae el arroyo de la sierra.
En el patio entre las chozas
Homero se prosterna
cara contra la tierra
y llora.
Otros hombres se le acercan,
se prosternan y lloran.
Las mujeres salen al patio,
los rodean
y cantan.
Cantan su tristeza,
su soledad en la seca,
la pobreza del arroyo,
la muerte de las vacas,
el llanto de los niños,
las grietas en la tierra.
Cantan.
Una nube escucha,
se acerca desde el horizonte.
Llueve.
Nota. Pido perdón a mis compañeros y lectores por la forma, un tanto prosaica a mi gusto. Mi estro dormita, como el Homero de estas escenas del neolítico.
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